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El pícaro Guzmán de Alfarache y su relación con la mar y los barcos

Laureano Carbonell Relat

 

El vaciado de la obra de Mateo Alemán proporciona un amplio conocimiento del mundo de los pícaros, la variedad de castigos a que podían ser sometidos, así como también las vicisitudes que podían sufrir a bordo cuando eran condenados a galeras, todo lo cual ha sido la base de este artículo.

Introducción

Mateo Alemán y de Enero (1547-1614), sevillano, es el insigne y bien conocido escritor del Siglo de Oro que estableció y consolidó el género de novela picaresca con su popular obra titulada “Guzmán de Alfarache”, publicada en dos partes, en 1599 y 1604. En síntesis, de su biografía se desprende que hizo estudios de Humanidades, habiendo tenido como maestro al también sevillano Juan de Malara1 (1524-1571). De éste creo imprescindible recordar el hecho de haber diseñado la decoración de la galera Real, que mandó Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto, en 1571, y cuyo detalle figura en el texto titulado Descripción de la galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, publicada en 1876, con una tirada de 300 ejemplares2. La citada decoración, sigue las indicaciones3 llegados de la corte de Felipe II y está compuesta de esculturas, pinturas, relieves, taraceas, además de lemas, jeroglíficos, dichos y sentencias, con la doble finalidad de declarar:

 …las uirtudes que en vn capitan General de la Mar han de concurrir…4

… y que la mesma galera sirua de libro de memoria que a todas horas abierto amoneste al Señor Don Juan en todas sus partes lo que deue hazer.-5

Volviendo a Mateo Alemán cabe sintetizar que en 1564 se graduó de Bachiller en Artes y Teología. Posteriormente trabajó en Hacienda y tuvo también varios negocios, que no debieron irle muy bien, pues en 1580 entró en la cárcel por deudas, permaneciendo encarcelado durante dos años y medio. Es indudable que esa larga estancia le serviría de escuela donde aprendió sobre la vida y actividades de los malhechores, que luego ampliaría en Almadén, en 1593, durante su estancia como juez visitador, conversando con algunos

condenados a trabajos forzados en las minas de mercurio. En 1602, en Sevilla, pasó de nuevo unos meses en la cárcel por deudas. El año 1608 se trasladó a Méjico, donde murió.

La obra en sí que nos ocupa6 es accesible por Internet, hecho que facilita extraordinariamente la labor del vaciado, pues evita el entretenido trabajo de copiar a mano los fragmentos de texto de interés, sustituyéndolo por la selección y archivo de cada uno de ellos, utilizando como nombre el número de la página donde se encuentran. A continuación se hace un catálogo de esos párrafos, introduciendo en Access7 el tema o palabra significativa de cada uno de ellos, acompañado de la página donde se encuentran. Luego, basta con ordenar alfabéticamente la columna de dichos temas o palabras significativas, con lo que obtendremos la agrupación de los iguales. Entonces uno puede desarrollar ya el artículo que pretende. Aquí cabe añadir que el proceso indicado no evita la lectura atenta y detallada del texto, pues de utilizar la conocida opción de Buscar se corre el riesgo de que el ordenador se pase por alto algunas de ellas, principalmente aquellas que llevan una letra cambiada o se encuentran a final de línea y están partidas por un guión.

Por otro lado, creemos necesario advertir que al proceder la mayor parte de las citas de la obra indicada en la Nota 6, se ha evitado el marcar cada una de las citas de dicha obra con el oportuno número en superíndice, lo que hubiera representado un considerable aumento de páginas de este texto, sino indicar, entre paréntesis, la página concreta de la obra indicada, de donde procede.

Yendo ya al objeto de este trabajo, creo interesante sacar a relucir, como preámbulo, que en la obra que nos ocupa el autor usa una retórica plagada de rimas, refranes, alegorías y metáforas, que ponen en evidencia la riqueza estilística y la fluidez de ideas y de léxico del mismo, lo cual da como resultado que la lectura sea realmente muy amena y entretenida.

Si tenemos en cuenta que el protagonista, que en lo sucesivo y para simplificar llamaremos simplemente Guzmán, es un hombre cuya fortuna y pobreza se fueron alternando a lo largo de su vida, viéndose obligado en los momentos de gran necesidad a hacer uso de todo su ingenio y habilidad para obtener aquello que precisaba para llevarse a la boca y saciar el hambre. De hecho, él era realmente un pícaro, muy astuto e ingenioso en el engaño, cuyas acciones no vamos a mencionar, por salirse del objetivo que perseguimos en este trabajo, pero sí vamos a utilizarlo para deducir las peculiaridades de la sociedad de la época. Por otro lado, a lo largo del texto aparecerán algunas citas total o parcialmente repetidas. La razón es el deseo de facilitar la lectura y evitar que el lector deba molestarse en buscar la cita en otro lugar.

Para empezar demos una breve ojeada al entorno de los practicantes de las sisas, hurtos y demás acciones de esa índole por parte de una gran proporción de la sociedad aludida en la novela, y veremos también como lo justifica el propio autor.

Practicantes del hurto

En el transcurso de la obra se pone en evidencia que los más adictos a la práctica del hurto no son sólo los pillos y los desgraciados del estrato más bajo de la sociedad, sino que también comparten esa actividad algunos profesionales de ciertos oficios:

…que no se robe; que el dejar perder no es franqueza y con lo que hurtan veedor, cocinero y despensero, que son los tres del mohíno, se pueden gratificar seis criados. No digo más del robo destos que del desperdicio de esotros, pues todos hurtan y todos llevan lo que pueden cercenar de lo que tienen a cargo, uno un poco y otro otro poco; de muchos pocos se hace un algo y de muchos algos un algo tan mucho, que lo embebe todo.(154)

Aunque, por lo que se ve, había algún lugar donde la práctica era general:

En Malagón en cada casa un ladrón, y en la del alcalde hijo y padre. (186)

Presunción de responsabilidad

Como es costumbre, siempre hay la pretensión de encontrar al responsable de cada acto, y en este caso también lo hace el autor:

Gran culpa desto suelen tener los amos, dando corto salario y mal pagado, porque se sirven de necesitados y dellos hay pocos que sean fieles.(154)

Las apariencias engañan

Pero el propio autor es consciente de que muchas veces la responsabilidad es fruto del aspecto o del nivel social de los implicados:

Ni se condena el rico ni se salva el pobre por ser el uno pobre y el otro rico, sino por el uso dello. Que si el rico atesora y el pobre codicia, ni el rico es rico ni el pobre, pobre, y se condenan ambos,… (506)

El delito y sus consecuencias

Veamos ahora los castigos que los tribunales podían imponer a los que quebrantaban la ley.

Las condenas existentes y a las que podían ser sentenciados podían ser siete: pago de costas, resarcimiento del importe defraudado, multa, vergüenza pública, azotes, destierro –temporal o perpetuo–, galeras –por un tiempo determinado o de por vida–, y horca, aunque esta última pudiera ser sustituida por el degüello. Aquí podríamos añadir las múltiples –que implican la condena a varias de las penas indicadas– y las singulares, según podemos observar en la obra de Mateo Alemán. Veamos, pues, unas muestras de cada una de ellas.

a) Condena a costas

… me lo entregaron por sentencia, quedándose mi mercader sin ellos y condenado en costas, demás de la infamia general que le quedó del caso. (452)

b) Condena al resarcimiento del importe defraudado

…condenáronme que pagase la cebada de mi jumento de aquella noche. (120)

Y si el condenado no tenía posibilidad de pagar, había otra forma de hacerlo: la de convertirse en esclavo.

… luego que salió de la cárcel, …  que para en cuenta y parte de pago de su deuda quería como un esclavo servirme toda su vida. (385)

c) Condena a multa y reparto de la misma

…pena que el que lo imprimiere o vendiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que dél tuviere, y mas incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere; la cual dicha pena sea tercera parte para el denunciador, y la otra tercia parte para la nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare. (viii)

d) Condena a la vergüenza pública

…se dispone a recebir por ello la pena en que fuere condenado? Roba un ladrón una casa y paséanlo por la ciudad. (378)

… por ser este hurto el primero en que se había hallado, …, fue condenado en vergüenza pública y en destierro de aquella ciudad por cierto tiempo. (375-6)

e) Condena a azotes

…me mandó dar una docena cabal de azotes por lo de las conservas… (252)

…te sentenció el teniente a docientos azotes y diez años de galeras. (609)

f) Condena a destierro

… acordaron las divinas leyes de ordenar el destierro, que sin duda es el castigo mayor… porque dejan los amigos, los parientes, las casas, las heredades, el regalo, el trato y negociación, y caminar sin saber adónde y tratar después no sabiendo con quién.(378)

… vino la Verdad a no querer ser oída, y de no quererla oír llegaron a no quererla decir, que de un escalón se sube a dos y de dos hasta el más alto,…, , siendo condenada en perpetuo destierro y a que en su silla fuese recebida la Mentira.(244)

g) Condena a galeras

Si fuera delito, mala cosa o hurto, claro está que se castigara, pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobretos a las galeras.(24)

…no es útil a la república ni buena policía hacer a ladrones tanto regalo; antes por leves hurtos debieran dárseles graves penas. Échenlos, échenlos en las galeras,…(380)

h) Condena a la horca

… que se castigara y tuviera remedio esta honrosa manera de robar, aunque mi padre estrenara la horca.(24)

… no lo pudieron defender que no fuese condenado a horca pública.(116)

Ladrones hay dichosos, que mueren de viejos; otros desdichados, que por el primer hurto los ahorcan.(157)

Fue condenado a muerte de horca,…(377)

i) Condena a ser degollado

… don Alonso defendía, diciendo no permitirse ni poder ser ahorcado un caballero de noble sangre, …, que, cuando el delito fuera mayor, la distancia de las calidades le salvara la vida, y en especial de muerte de horca, y debiera ser degollado(117)

j) Condena múltiple

… un señor juez, el cual condenó a uno en cierta pena pecuniaria y aplicó della docientos ducados para la Cámara, y mandó por su sentencia que, en defeto de no pagarlos, fuese a servir diez años en las galeras a el remo, sin sueldo, y, en siendo cumplidos, fuese vuelto a la cárcel del mismo pueblo y en él fuese ahorcado públicamente. (411)

k) Condenas singulares

En el apartado titulado Arancel de necedades (511), entre muchas condenas muy peculiares, aparecen las

formas despectivas siguientes:

… los que fueren andando y hablando por la calle consigo mesmos y a solas o en su casa lo hicieren, los condenamos a tres meses de necios, dentro de los cuales mandamos que se abstengan y reformen…. (512)

… los condenamos por necios de vaqueta y, siendo nobles, por de terciopelo de dos pelos, fondo en tonto.(514)

Una ojeada a jueces y juicios

Abundan las citas a la poca imparcialidad o ecuanimidad de los jueces:

… decir des te tal que vende la justicia dejando de castigar lo malo y premiar lo bueno y que, si le hallara rastro de pecado, lo salvara, niégolo y con evidencia lo pruebo.(26)

¿Quién ha de creer haya en el mundo juez tan malo, descompuesto ni desvergonzado —que tal sería el que tal hiciese—, que rompa la ley y le doble la vara un monte de oro?(26)

Aunque es obvio que no faltan los engaños o estratagemas para lograr una sentencia favorable:

Digamos algo de un testigo falso, cuya pena deja el pueblo amancillado y a todos es agradable gustando de su castigo por lo grave de su delito. ¡Que por seis maravedís haya quien jure seis mil falsedades y quite seiscientas mil honras o interés de hacienda, que no son después poderosos a restituir! ¡Y … así acuden ellos a los consistorios y plazas de negocios, a los mismos oficios de los escribanos, a saber lo que se trata, y se ofrecen a quien los ha menester! No sería esto lo peor, si no los conservasen allí los ministros mismos para valerse dellos.(458)

Testigos falsos hallará quien los quisiere comprar; en conserva están en las boticas de los escribanos. Váyanlos a buscar … todos lo(s) conocen.(458)

El poder de la propina y otras sutilezas

A veces, una buena propina mejoraba las cosas:

Quisieron echarme grillos. Redimílos a dineros, pagué al portero a cuyo cargo estaban y al mozo que los echa. El escribano acudía; las peticiones anduvieron; daca el solicitador, toma el abogado, poquito a poquito, como sanguijuelas, me fueron chupando toda la sangre, hasta dejarme sin virtud. Quedé como el racimo seco, en las cáscaras. (608)

Hay también quienes buscan cualquier subterfugio para hacerse con un puesto o cargo de mayor categoría, y cobro de primicias:

Bien que por ahí dicen algunos que esto de pretender oficios y judicaturas va por ciertas indirectas y destiladeras, o, por mejor decir, falsas relaciones con que se alcanzan; y después de constituidos en ellos, para volver algunos a poner su caudal en pie, se vuelven como pulpos. No hay poro ni coyuntura en todo su cuerpo que no sean bocas y garras. Por allí les entra y agarran el trigo, la cebada, el vino, el aceite, el tocino, el paño, el lienzo, sedas, joyas y dineros. Desde las tapicerías hasta las especerías, desde su cama hasta la de su mula, desde lo más granado hasta lo más menudo; de que sólo el arpón de la muerte los puede desasir, porque en comenzándose a corromper, quedan para siempre dañados con el mal uso y, así reciben como si fuesen gajes, de manera que no guardan justicia; disimulan con los ladrones, porque les contribuyen con las primicias de lo que roban; tienen ganado el favor y perdido el temor, tanto el mercader como el regatón, y con aquello cada no tiene su ángel de guarda comprado por su dinero, o con lo más difícil de enajenar, para las impertinentes necesidades del cuerpo, demás del que Dios les dio para las importantes del alma.(26)

Delitos que se pasan por alto

Como suele suceder, siempre hay algunos afortunados que salen bien librados de la justicia.

…mi padre… se alzó dos o tres veces con haciendas ajenas, también se le alzaron a él, … Solo es Dios el juez de aquestas cosas, mire quien los absuelve lo que hace. Muchos veo que lo traen por uso y a ninguno ahorcado por ello. Si fuera delito, mala cosa o hurto, claro está que se castigara, pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobretos a las galeras.(24)

Citas curiosas

Otras citas curiosas son:

… mozo de ventero, que es peor que de ciego.(129)

Que, aunque es trabajo tener amo, es mayor tener mozo…(142)

… (es una dicha el vivir) remoto de pleitos, ajeno de demandas, libre de falsos testigos, sin recelo que te repartan y por temas te empadronen;…(142)

Hablemos ya de cosas de mar

Empecemos por sacar a relucir los tipos de buques que aparecen citados en el texto. Para los marinos, el nombre genérico que los engloba a todos es el de buque, aunque coloquialmente se usa también el de barco. La Real Academia Española admite también como tales las voces nave, embarcación y navío, aunque este

último, que asocia en primera acepción a buque de guerra de vela, es decir, la unidad de la armada propia de los siglos XVIII y XIX, y en segunda a buque grande mercante fortificado. De ahí que entre los de tierra adentro empleen el término navío como genérico de buque grande de cualquier clase, cosa que no ocurre entre los marinos, pues, para evitar confusiones, no lo empleen como genérico, y como tal usan los términos buque y unidad.

Aquí debemos añadir que entre las embarcaciones las hay con ese nombre a secas, en cuyo caso se suele aplicar raras veces por los marinos como buque pequeño, y las que califican de menores, que incluyen todas las barcas y botes de pequeño tamaño.

Veámoslas todas ellas por orden alfabético, aunque dejaremos en último lugar a la galera:

Barca (embarcación menor)

Y a tengo los pies en la barca, no puedo volver atrás.(304)

Deste bordo se aniega mi barquilla,…. (355)

Bote

Aparece en dos ocasiones, pero una se refiere a un envase (144) y la otra es una forma del verbo botar aplicado a una pelota (457).

Embarcación (barco o embarque)

Queríame pasar a las Indias y aguardaba embarcación,… (604)

Embarcación (embarque)

…al segundo día de su embarcación le faltaron de la cadena diez y ocho esclabones,…(628)

Esquife

Bote, embarcación menor de servicio, que se lleva a bordo.

Dábale la mano a la salida del esquife.(629)

Nave (buque, embarcación con cubierta y velas)

La nave fue saqueada y él, con los más que en ella venían, cautivo y llevado en Argel, donde, medroso y desesperado —el temor de no saber cómo o con qué volver en libertad, desesperado de cobrar la deuda por bien de paz—, como quien no dice nada, renegó. (23)

Mejor se asegura la nave sobre dos ferros, que con uno: cuando el uno suelte, queda el otro asido.(33)

Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo,…(134)

Señal es del peligro conocido adonde fue la nave zozobrada,… (ccxcix)

…cuando el patrón de la nave aquí me halle, todo será decirle que su criada me trujo y que soy su marido.(347)

Navío (buque de guerra; buque grande de comercio)

…como si fuera de tanto peso y balume que se hubiera de hundir el navío con ellas,… (228)

…como los cosarios que salen por la mar, quien pilla, pilla: cada uno arme su navío lo mejor que pudiere y ojo a el virote –siendo dicho virote una especie de flecha o saeta–(415)

…o por nuestra desventura dar con el navío al través,…(438)

… dio con el navío encima de unas peñas,…(490)

… mandó el maestre del navío que alijasen presto de las cosas de más peso…(550)

Galera (Embarcación larga, de vela latina y poco calado)

La galera era una nave muy alargada, propulsada a remos y velas latinas, que se caracterizaba por su escaso calado. Fundamentalmente era una nave de guerra, si bien las hubo también de mercantes -especialmente armadas por venecianos-. Era típica del Mediterráneo, aunque también se utilizó en el Báltico y unas pocas en el Nuevo Mundo. Era el fruto de la evolución desde un pasado muy remoto, siendo su precedente más inmediato la galea medieval, que en el siglo XV pasó a conocerse como galera. Inicialmente llevaba dos o tres remos por banco, con un hombre en cada remo, pero hacia 1530 empezó a difundirse el uso de un remo de galocha por banco, que manejaban 4 o 5 hombres, mas con el tiempo ese número alcanzó los 7. La mayoría de las galeras más grandes llevaban 30 o 32, y en algún caso 36, bancos por banda. La Marina Española las tuvo en servicio hasta 1748, aunque hubo un breve tiempo en que las volvió a poner en activo. En el Báltico desaparecieron a principios del siglo XIX.

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig. 1


Las dimensiones de una galera, concretamente de la antes citada Real de D. Juan de Austria (Fig. 1), que tomaremos como referencia en los párrafos que vienen a continuación, y cuya reconstitución se exhibe en el Museo Marítimo de Barcelona, son las siguientes8 y 9:

Eslora total = 60 m

Eslora en cubierta = 52,50 m

Manga máxima =   6,20 m

Manga entre postizas =   8,40 m

Puntal =   2,08 m

Remos  = 11,40 m

Como podemos comprobar, el casco de la galera es muy largo, estrecho y de poco calado, cuya cubierta termina en un largo espolón de 6,28 m, que dista algo así como 1 m de la superfície del agua. Para facilitar la boga de los remeros, la galera lleva una estructura muy característica: a proa, a unos 10,5 m del extremo del espolón, hay un robusto madero, llamado yugo, dispuesto vertical y transversalmente, de unos 85 cm de alto en el centro y 8,40 m de largo; otro idéntico se encuentra cerca de la popa y a unos 43 m de aquel. Entre los extremos de cada banda de los yugos, que se extienden más allá de los costados, hay otro recio madero, llamado postiza, de unos 20 cm de ancho y 25 cm de alto, que sigue el arrufo del casco y se sostiene mediante los oportunos curvatones, llamados bacalares, empernados en la propia cubierta. Las postizas llevaban los toletes para los estrobos de los remos, y de trecho en trecho las batayolas que sostienen los filares y filaretes donde se suspenden los escudos, como defensa durate el combate. Entre el yugo de proa y el espolón hay una pequeña cubierta, denominada tamboreta, desde donde se cargaban los cañones y realizaban las maniobras de fondeo o leva de los ferros, es decir, de los rezones. A continuación, a popa del yugo de proa hay un espacio de unos 2,70 m de largo, llamado corulla, donde va emplazada la artillería, y cuyas bandas ocupan los jardines –letrinas-. Ese espacio va cubierto por la llamada arrumbada, que forma una especie de castillo sobre el que se apostaban los soldados, prestos a saltar sobre la nave enemiga, una vez espoloneada, usando el propio espolón como pasadizo (Fig. 2).

 

 

 

 

 

Fig. 2


Desde la corulla hasta la espalda, de la que hablaremos en el párrafo siguiente, la cubierta está ocupada por el talar, o cámara de boga, donde iban dispuestos los bancos de los remeros, 30 en el costado diestro y 29 en el siniestro, pues el espacio de ese que falta lo ocupaba el fogón o cocina. He dicho diestro y siniestro porqué los términos equivalentes de estribor y babor no se empleaban en las galeras. El talar estaba dividido longitudinalmente por un corredor central, llamado crujía, de 1,10 m de ancho y 0,85 m de alto sobre cubierta, aproximadamente, que constituía el pasadizo entre la proa y la popa (Fig. 3).

 

 

 

 

 

 

Fig. 3


A popa, en prolongación de dicho pasadizo hay una cubierta, llamada espalda, que ocupa 2,75 m en las bandas y 1,90 m en la crujía del talar, y se extiende hasta el yugo de popa. Dicha cubierta se extiende hacia popa hasta el yugo y en cuyo espacio va la carroza, de unos 5,50 m de eslora, que es la parte noble de la galera. Esta carroza va delimitada por un mamparo a cada banda y un tercero transversal a popa. El techo está formado por un armazón de varas curvadas de madera, dispuestas de banda a banda, y unos nervios longitudinales, el del centro de los cuales, llamado flecha, era lo suficientemente ancho para servir de corredor, donde se apostaba el piloto o el capitán durante la navegación. Dicha flecha se prolongaba hacia proa, hasta descansar en el estanterol, que es una especie de columna curvada que se apoya en el extremo anterior de la espalda. El techo de la carroza se cubría con un toldo, el tendal, ricamente decorado.

Por otro lado, a popa de la carroza había una superficie transversal, de algo así como 0,5 m de ancho, llamada timonera.

…por la timonera… (489)

Esa timonera era el lugar donde iba el timonel que llevaba el rumbo de la galera, cuya proa veía mirando por encima del mamparo popel de la citada carroza.

 

 

 

 

 

Fig. 4

 

 

 

 

 

Fig. 5

Para la propulsión, la galera llevaba, además de los remos (Figs. 4 y 5), dos árboles o palos ligeramente inclinados hacia proa, aunque las había también con uno sólo. El aparejo era de velas latinas, suspendidas de las pertinentes antenas. La carlinga del palo trinquete iba en la corulla, justo a popa del yugo de proa, de modo que era fácilmente abatible, en tanto que la del mayor estaba situada en la sobrequilla, a algo así como en un punto situado en el 45% o el 37% de la eslora, contado desde el extremo del espolón o de la roda, respectivamente. De las velas hablaremos más adelante.

La galera llevaba también dos escalas de acceso a bordo, situadas una a cada banda de la cara exterior del yugo de popa, con las que se accedía a la espalda. Curiosamente, la situada a la diestra era la noble y estaba reservada a las personas de más categoría.

Por otro lado, la galera que ejercía el mando de una escuadra se distinguía por llevar un farol coronando el extremo de popa de la carroza. La “Real”, por ser la del Capitán general de la flota, llevaba tres.

La galera aparece citada con este nombre en la obra de Mateo Alemán nada menos que setenta y dos veces, y como es lógico sólo vamos a mostrar una pequeñísima muestra.

Él mismo escribe su vida desde las galeras, donde queda forzado al remo por delitos que cometió,…(13)

Viendo que las galeras navegaban por el mar Mediterráneo y se encostaban otras veces a la costa de Berbería buscando presas,…(635)

Por otro lado, el casco de la galera estaba dividido interiormente por diversos departamentos, que, de popa a proa, eran:

1. Gabón o cámara del capitán. 2. Escandelar. 3. Escandelarete. 4. Despensa (Cámara del Mayordomo). 5. Pañol de agua y viandas. 6. Pañol de pan y legumbres (Cámara del escribano). 7. Cámara de la pólvora. 8. Pañol de vino o taberna. 9. Cámara de velas (Cámara del Cómitre). 10. Cámara de jarcias (Cámara del Sotacómitre). 11. Cámara del barbero o cirujano. 12. Enfermería. 13. Pañol de proa o carbonera. 14. Santabárbara.10

Como es obvio, en la descripción expuesta en los parrafos precedentes, se han omitido muchos detalles y elementos estructurales por la simple razón de no aparecer en la obra de Mateo Alemán.

Con respecto a las galeras es interesante destacar unas citas de Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, que rezan así:

La vida de la galera, déla Dios a quien la quiera. 11

…las galeras mas se inuentaron para robar, q(ue) no para  nauegar.  12

Buena parte de la nomenclatura de la galera mencionada en los párrafos precedentes la encontramos en las citas siguientes:

a) Árbol

Obviamente, equivale a palo, o mástil, de la galera.

…una caja para colgar las flámulas de las entenas del árbol mayor y trinquete,…(637)

…cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol.(618)

b) Arrumbada

…sin ferros,… ni arrombadas (= arrumbadas). (504)

c) Artillería

…sin ferros, artillería,…(504)

d) Cámara de popa

… cuantos entraban en la cámara de popa eran personas conocidas.(628)

e) Corulla

Mandóme quitar y que me llevasen de allí a mi corulla y en ella me curasen(634)

… me dieron a cargo todo el trabajo de la corulla, …(634)

f) Crujía

Bajáronme de allí, no para que descansase, sino para volverme a crujía(634)

g) Despensa

…yo en la despensilla della, donde tenía guardadas algunas cosas de regalo y bastimento.(628)

h) Entena

…fue necesario salir a Cádiz mi galera por unos árboles y entenas,…(622)

…traíamos remolcando los árboles y entenas…(622)

i) Escala

Cuando venía de fuera, salíalo a recebir a la escala. (629)

j) Escandelar

…dormían con el capellán en el escandelar…(628)

k) Escandelarete

…el caballero en una banca del escandelarete de popa…(628)

l) Estanterol

El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla, determinado de morir en aquel puesto sin apartarse del, o de sacar en salvamento la galera. (488)

m) Farol

Dijo en general que sus tratos y costumbres fuesen como el farol en la capitana, tras quien todos caminasen y en quien llevasen la mira, sin empacharse en otros tratos ni granjerías de las que se encargaron con l voto que hicieron y obligación que firmaron en los libros de Dios, donde no puede haber mentiras ni borrones.(136)

n) Ferro

En general es el equivalente a ancla, pero en galeras se trata de un rezón.

Con esta historia y otros entretenimientos, venimos con bonanza hasta España, que no poco la tuve deseada, sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas (= arrumbadas). Porque todo fue a la mar y quedé yo vivo: que fuera más justo perecer en ella.(504)

o) Filar

Pusieron los remos encima de los filares.(487)

p) Fogón

Y viendo lo que más convenía, me cupo el segundo banco, adelante del fogón, cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol. (618)

q) Postiza

…sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas.(504)

r) Remo

…sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas.(504)

s) Rizos

Hicieron a medio árbol tercerol,… –siendo ese tercerol la tercera faja de rizos– (487)

t) Timón y timón de fortuna

…saltó –faltó- el timón … (e) hicieron pasar los dos remos de las espaldas a las escalas, de donde íbamos gobernando con grandísimo trabajo. (488)

u) Vela (borda o vela mayor, marabuto y treo)

…la vela del trinquete…(635)

…viendo cargar el viento en demasía, …, fue menester amainar de golpe la borda, que llaman ellos la vela mayor, y, poniéndola en su lugar, sacaron otra más pequeña, que llaman el marabuto, vela latina…(487)

…subir el treo, que es otra vela redonda con que se corren las tormentas…(488)

Tripulación de la galera

En honor a la verdad, la mayor parte de las personas de la obra relacionadas con la mar son galeotes, por lo que vamos a empezar por referirnos a ellos.

Galeote

Como sabemos, según la Real Academia Española, galeote es el forzado que remaba en las galeras. Esta definición implica que los remeros calificados de buenasboyas, y anteriormente bagarinos, por ser hombres libres que realizaban esa labor a cambio de un salario, no formaban parte de dicho grupo, aunque ninguno de ellos aparece en la obra que nos ocupa. A los galeotes se les llamaba también chusma, y aún chuzma, palabra sin duda heredada de la lingua franca, y cuya etimología la asocia a la voz genovesa antigua ciüsma y ésta a la  griega  κέλευσµα, que  era  el  canto  con  el  que se  acompasaba el  ritmo de  la  boga. En  el  texto la encontramos dos veces:

… el capitán como señor y cabeza, nunca suele por su autoridad empacharse con la chusma.(619)

… no servía de otra cosa toda la guzma que de dar a la banda cuando nos lo mandaban…(618)

Aunque en esa segunda ocasión es con una ortografía algo peculiar. Ese dar a la banda es, en esencia, la maniobra de escorar o tumbar la nave a flote, para que descubra la obra viva de un costado y así poder repararla o limpiarla. Un conocido autor aporta una acepción más prosaica o vulgar:

Evacuar el vientre por fuera de la borda”, añadiendo que se dice también “saltar a la banda 13

En realidad había galeotes de dos clases: penados y esclavos.

Sobre los penados ya hemos tratado anteriormente, aunque como recordatorio podemos decir que había los condenados por un cierto número de años, en función del delito cometido y la sentencia aplicada; y los que debían permanecer al remo el resto de su vida.

Esclavos también los hay a bordo y así aparecen en la obra, pero no consta que estuvieran dedicados al remo. En el mundo real de la época en galeras cristianas los esclavos eran turcos y, como contrapartida, en las turcas los esclavos eran cristianos, mayormente obtenidos al apresar una nave enemiga. En la obra de Mateo Alemán se cita varias veces a moros de a bordo, pero no aclara si realmente eran remeros. En la segunda cita que viene a continuación, el moro da la impresión de que fuera un mozo, es decir, un criado al servicio de alguien de a bordo.

Viendo que las galeras navegaban por el mar Mediterráneo y se encostaban otras veces a la costa de Berbería buscando presas, imaginó de tratar, con algunos moros y forzados de su bando, de alzarse con la galera.(635)

Al moro que me trujo la embajada, no le pareció mal mi consejo y dijo que llevaría mi respuesta a Soto y me volvería otra vez a hablar.(636)

En la obra los esclavos moros los encontramos también como dedicados al traslado de presos:

Para … pasar de la cárcel a las galeras … nos entregaron a los esclavos moros, que con sus lanzones vinieron a llevarnos y, atándonos las manos con los guardines que para ello traían, fuimos con ellos… (617)

Entrega de galeotes a bordo y distribución entre los bancos

A la llegada de los penados a la galera, traídos por esclavos moros, se procedía a su distribución:

Entramos en galera, donde nos mandaron recoger a la popa, en cuanto el capitán y cómitre viniesen, para repartirnos a cada uno en su banco, y, cuando llegaron, anduviéronse paseando por crujía,…(617)

Es curioso que durante ese recorrido por crujía, los galeotes de todos los bancos pedían la asignación de los recién llegados haciendo uso de parecidos argumentos:

…y los esforzados de una y otra banda comenzaron a darles voces, pidiendo que se les echasen a ellos. Unos decían que tenían allí un pobreto inútil, otros que cuantos había en aquel banco todos eran gente flaca. (617)

Asignación de bancos

A Guzmán se le asigna en una ocasión el segundo banco, cuya situación queda bien definida en la cita que viene a continuación:

…me cupo el segundo banco, adelante del fogón, cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol. Y a Soto lo pusieron en el banco del patrón. (618)

En la cita precedente hay una alusión al banco del patrón; lamentablemente, su posición es desconocida para quien esto explica.

Un poco más adelante, a nuestro protagonista se le cambia al banco que califica de postrero, y como él indica no era el más agradable. Sin embargo, hay un detalle a comentar: el calificativo de postrero, puesto que de entrada parece referirse al banco situado más a popa, pero al indicar que era el de más trabajo, cuyas obligaciones eran las que aparecen en el apartado Faenas marineras, que veremos seguidamente, es indudable que ese banco es el de proa, o sea el proel, y, por lo tanto, según la interpretación de quien esto suscribe, la cuenta de los bancos empezaría por los de popa –uno a cada banda– que serían los primeros.

…con protesto que por cualquiera cosa que faltase a ello, sería muy bien castigado. Había de bogar en las ocasiones, como todos los más forzados. Mi banco era el postrero y el de más trabajo, a las inclemencias del tiempo, el verano por el calor y el invierno por el frío, por tener siempre la galera el pico al viento.(635)

Faenas marineras

Los galeotes participaban tambien en las tareas propiamente marineras. Los proeles eran los afectos a los trabajos que se realizaban en el entorno de la corulla, como son los que podemos ver en la cita siguiente y cuya interpretación veremos a continuación de ella.

Estaban a mi cargo los ferros, las gumenas, el dar fondo y zarpar en siendo necesario. Cuando íbamos a la vela, tenía cuidado con la orza de avante y con la orza novela. Hilaba los guardines todos, las ságulas que se gastaban en galera. Tenía cuenta con las bozas, torcer juncos, mandarlos traer a los proeles y enjugarlos para enjuncar la vela del trinquete. Entullaba los cabos quebrados, hacía cabos de rata y nuevos a las gumenas. Había de ayudar a los artilleros a bornear las piezas. Tenía cuenta de taparles los fogones, que no se llegase a ellos, y de guardar las cuñas, cucharas, lanadas y atacadores de la artillería. Y cuando faltaba oficial de cómitre o sotacómitre, me quedaba el cargo de mandar acorullar la galera y adrizalla, haciendo a los proeles que trujesen esteras y juncos para hacer fregajos y fretarla, teniéndola siempre limpia de toda immundicia; hacer estoperoles de las filastras viejas, para los que iban a dar a la banda. Que aquesta es la ínfima miseria y mayor bajeza de todas. Pues habiendo de servir con ellos para tan sucio ministerio, los había de besar antes que dárselos en las manos. (635)

Analicemos la nomenclatura que aparece en el párrafo precedente.

a) Boza. Es el chicote de cabo fijo por un extremo al buque, que sirve para trincar un cabo, gúmena o cadena y evitar que se escurra.

b) Cuñas, cucharas, lanadas y atacadores de la artillería. Las cuñas son las que se calificaban como de puntería, pues servían para variar la inclinación de la pieza con dicho propósito. Las cucharas eran una especie de palas con las que se cargaban de pólvora aquellos cañones. Las lanadas eran una clase de bruses formados por un palo con una piel de cordero en el extremo con los que se limpiaba el alma de los mismos una vez efectuado el disparo, para evitar que quedara alguna chispa encendida en el interior y pudiera herir al artillero cuando los cargara de nuevo y los atacadores, que eran unos cilindros de madera o metálicos en el extremo de un palo, usados para apretar la carga de pólvora del cañón.

c) Ferros. Los ferros, como ya dijimos en otro lugar, son los rezones, mientras que las gúmenas eran los cables o cabos amarrados a ellos, siendo el dar fondo y zarpar las maniobras de fondeo de los rezones (ferros), y de levarlos (zarpar) con las citadas las gúmenas.

d) Guardines. Cabos de labor del aparejo con el que se maniobraba la caña del timón hacia una u otra banda.

e) Orza avante y orza novela. Son los aparejos que sujetan hacia popa y a uno y otro costado el car de la entena de la vela latina. Se conocen también aquella como davante y orza de avante, y esta como orza novella.

f) Ságulas. Aunque el término equivale a sayos, es decir, prendas de vestir parecido a un camisón de dormir, cerrado y sin botones, en el modesto saber y parecer del autor, teniendo en cuenta el contexto donde aparece, es preferible adoptar el significado de la palabra catalana sàgola, que se pronuncia sàgula, con la que se designa un cabo delgado como el empleado para izar banderas, es decir, una driza.

Sigamos ahora con las tareas de los proeles.

a) Acorullar y adrizar la galera. Acorullar, y su equivalente aconillar, era la maniobra de meter los remos a bordo, sin desarmarlos, de modo que quedaran atravesados y perpendicularmente a la eslora, sin que las palas sobresalieran de los costados. Así se hacía en los abordajes y en las maniobras de tumbar o dar a la banda. Y adrizar, al igual que ahora, es poner derecho el buque que está escorado.

b) Actuar como cómitre. Cuando este o su sustituto no estuviera a bordo.

c) Bornear las piezas. Maniobra de mover, desplazar, etc., las piezas de artillería de a bordo.

d) Entullar cabos quebrados. De la lingua franca entollar, es decir, ayustar, empalmar dos chicotes de cabo.

e) Estoperoles. Son las mechas de estopa, hechas con pedazos de cabo viejos, empleadas para calafatear las costuras del forro cuando se daba a la banda, es decir, se escoraba la galera hasta descubrir la quilla y así poder limpiar los fondos y reparar la obra viva.

f) Fretar. Es frotar, restregar la cubierta u otra parte del casco con fregajos, es decir, estropajos, para limpiarla.

g) Hacer cabos de rata, y nuevos a las gúmenas.  Aquellos son los que conocemos como rabos de rata, es decir, el tejido que en disminución o forma cónica que se hace con los cordones de un cabo para evitar que el chicote o extremo se descolche. Por su parte lo de nuevos en las gúmenas es bastante ambiguo, aunque uno puede suponer que es la rabiza o trenza que se hacía en el chicote de una gúmena con el mismo objeto antes indicado.

h) Tapar los fogones. Cubrir el agujero u oído de los cañones donde se aplicaba el fuego para dispararlos.

i) Torcer juncos,… enjugarlos y enjuncar la vela… Como sabemos el junco es una planta de tallos cilíndricos y casi 1 m de largo que crece en lugares húmedos. Del texto se deduce que debidamente colchados y eliminada la humedad que llevan se usaban para tomar rizos a las velas. En otras palabras, se trata de lo que posteriormente se hacía con los matafiones.

En resumen, las faenas a cargo del desdichado Guzmán, según acabamos de ver, ciertamente no eran pocas.

Galeote empleado como mozo

El galeote de buen aspecto y modales refinados, así como aquel que hubiera sido autor de alguna buena acción extraordinaria, se le liberaba del remo para emplearlo como mozo o criado al servicio de un alto cargo de la tripulación o de un pasajero.

Y para escusar adelante otro semejante suceso, le dijo el capitán a su pariente que lo más acertado sería, para el tiempo que su merced allí estuviese, dar cargo de sus vestidos y joyas a un forzado de satisfación, que con cuidado lo tuviese limpio y bien acomodado, porque a ninguno se le daría por cuenta que se atreviese a hacer falta en un cabello. Al caballero le pareció muy bien, y andando buscando quién de todos los de la galera sería suficiente para ello, no hallaron otro que a mí, por la satisfación de mi entendimiento, buen servicio y estar bien tratado y limpio. Cuando le dijeron mis partes y supo ser entretenedor y gracioso, no vía ya la hora de que me pasasen a popa. Llamaron al cómitre y, habiéndome pedido, no pudo no darme, aunque lo sintió mucho por lo bien que comigo se hallaba. Echáronme un largo ramal, y cuando el caballero me tuvo en su presencia, holgóse de verme, porque correspondían mucho mi talle, rostro y obras. Enfadóse de verme asido, como si fuera mona. Pidióle al capitán me pusiesen una sola manilla y así se hizo(628)

Y sus funciones como criado las vemos a continuación:

…ágil para poderle mejor servir, así comiendo a la mesa como dentro del aposento y más partes que se ofrecía de la galera. Entregáronme por inventario su ropa y joyas, de que siempre di muy buena cuenta; y de quien él y yo teníamos menos confianza y más recelaba era de sus criados. Porque, como ya me hubiese hecho cargo de la recámara, con facilidad tendrían escusa en lo que pudiesen hurtarme a su salvo. Ellos dormían con el capellán en el escandelar y el caballero en una banca del escandelarete de popa y yo en la despensilla della, donde tenía guardadas algunas cosas de regalo y bastimento. Yo me hallaba muy bien; bien que trabajaba mucho. Mas érame de mucho gusto tener a la mano algunas cosas con que poder hacer amistades a forzados amigos. Y aunque quisiera hacérselas también a Soto, mi camarada, nunca dio lugar por donde yo pudiera entrarle. Deseábale todo bien y hacíame cuanto mal podía, desacreditándome, diciendo cosas y embelecos del tiempo que fuemos presos y él supo míos en la prisión. De manera que, aunque ya yo, cuanto para comigo, sabía que estaba muy reformado, para los que le oían, cada uno tomaba las cosas como quería y, cuando hiciera milagros, había de ser en virtud de Bercebut. Él era mi cuchillo, sin dejar pasar ocasión en que no lo mostrase; mas no por eso me oyeron decir dél palabra fea ni darme por sentido de cuanto de mí dijese. De todo se me daba un clavo; mi cuidado era sólo atender al servicio de mi amo, por serle agradable, pareciéndome que podría ser —por él o por otro, con mi buen servicio— alcanzar algún tiempo libertad. Más…(628)

Esclavo

…y satisfaciones de no haberme visitado luego que salió de la cárcel, dando culpa dello a su corto atrevimiento y larga ofensa; empero que para en cuenta y parte de pago de su deuda quería como un esclavo servirme toda su vida.(385)

Cuando me vi galeote rematado, rematé con todo al descubierto. Jugaba mi juego sin miedo ni vergüenza, como esclavo del rey,…(610)

Hay también una muestra de como evitar la esclavitud:

La nave fue saqueada y él, con los más que en ella venían, cautivo y llevado en Argel, donde… desesperado…, renegó. Allá se casó con una mora hermosa y principal, con buena hacienda.(23)

Comida

En tierra, las referencias a menús y “comilonas” no son raras:

… la ventera tenía en un plato una tortilla de seis huevos, los tres malos y los otros no tanto,…(55)

… de lo poco que cené (q)uedé empachado, sin poderlo digerir en toda la noche.(69)

La cena fue ligera. Bien se creerá sin juramento que no me levanté a la mañana empachado el vientre.(125)

¡Oh, epicúreo, desbaratado, pródigo, que locamente dices comer tantos millares de ducados de renta! Di que los tienes y no que los comes. Y si los comes, ¿de qué te quejas, pues no eres más hombre que yo, a quien podridas lantejas, cocosas habas, duro garbanzo y arratonado bizcocho tienen gordo? ¿No me irás o darás la razón que lo cause?”(121)

…mi amo trajese a casa otros amigos cofrades de Baco, pilotos de Guadalcanal y Coca, y quisiese darles una merienda, todos tocaban bien la tecla, pero mi amo señaladamente era estremado músico de un jarro. Sacáles, entre algunas fiambreras que siempre tenía proveídas, unas hebritas de tocino como sangre de un cordero.(148)

… como los banquetes de Heliogábalo, que se hacía servir de muchos y varios manjares; empero todos de un solo pasto, ya fuesen pavos, pollos, faisanes, jabalí, peces, leche, yerbas o conservas. Una sola vianda era; empero, como el manna, diferenciada en gustos. Aunque los del manna eran los que cada uno quería y esotros los que les daba el cocinero, conforme a la torpe gula de su amo.(309)

La ensalada de la noche muy menuda y bien mezclada con harta verdura, porque no se perdía hoja de rábano ni de cebolla que no se aprovechase; poco aceite y el vinagre aguado; lechugas partidas o zanahorias picadas con su buen orégano. Solían entremeter algunas veces y siempre por el verano un guisadito de carnero; compraban de los huesos que sobraban a los pasteleros: costaban poco y abultaban mucho. Ya que no teníamos qué roer, no faltaba en qué chupar. Al sabor del caldo nos comíamos el pan. Unas aceitunicas acebuchales, porque se comiesen pocas. Un vino de la Pasión, de dos orejas, que nos dejaba el gusto peor que de cerveza. (560)

Hay también una relación de productos de consumo:

No había mozo tan desventurado, que no ahorrase los menudillos de las gallinas o de los capones, el jamón de tocino, el contrapeso del carnero, las postas de ternera, salsas, especias, nieve, vino, azúcar, aceite, miel, velas, carbón y leña, sin perdonar las alcomenías ni otra cosa, desde lo más necesario hasta lo de menos importancia que en una casa de un señor se gasta. No había mozo tan desventurado, que no ahorrase los menudillos de las gallinas o de los capones, el jamón de tocino, el contrapeso del carnero, las postas de ternera, salsas, especias, nieve, vino, azúcar, aceite, miel, velas, carbón y leña, sin perdonar las alcomenías ni otra cosa, desde lo más necesario hasta lo de menos importancia que en una casa de un señor se gasta.(150)

En cambio, a bordo las alusiones a la comida son ínfimas:

Diéronme mi ración de veinte y seis onzas de bizcocho. Acertó a ser aquel día de caldero y, como era nuevo y estaba desproveído de gábeta, recebí la mazamorra en una de un compañero. No quise remojar el bizcocho, comílo seco, a uso de principiante, hasta que con el tiempo me fue haciendo a las armas. (618)

Negocios

A bordo, los galeotes dedicaban los ratos de ocio en hacer objetos con los que comerciaban y, cuando bajaban a tierra, aprovechaban la ocasión para comprar productos que pudieran vender a sus compañeros de infortunio.

Con esto y cobrando mis derechos de los nuevos presos, pasaba gentil vida y aun vida gentil; que tal es la de los tales como yo cuando se hallan allí en aquel estudio. Cobraba el aceite, prestaba sobre prendas, un cuarto de un real por cada día. Estafaba a los que entraban. Dábales culebras, libramientos y pesadillas.(613)

Enseñéme a hacer medias de punto, dados finos y falsos, cargándolos de mayor o menor, haciéndoles dos ases, uno enfrente de otro, o dos seises, para fulleros que los buscaban desta manera. También aprendí hacer botones de seda, de cerdas de caballo, palillos de dientes muy graciosos y pulidos, con varias invenciones y colores, matizados de oro, cosa que sólo yo di en ello. (622)

…salí a tierra con un soldado de guarda y empleé mi dinerillo todo en cosas de vivanderos, de que luego en saliendo de allí había de doblarlo, y sucedióme bien.(624)

Si para socorrer alguna necesidad vendía la ración, me azotaban, tratándome siempre tan mal, que verdaderamente deseaban acabar comigo.(634)

Vestimenta y apariencia

A su llegada a bordo, los galeotes recibían las prendas de uniforme que debían vestir, y además se les rapaba la cabeza y la barba, según vemos a continuación:

Diéronme la ropa del rey: dos camisas, dos pares de calzones de lienzo, almilla colorada, capote de jerga y bonete colorado. Vino el barberote. Rapáronme la cabeza y barba, que sentí mucho, por lo mucho en que lo estimaba; mas acordéme que así corría todo y que mayores caídas habían otros dado de más alto lugar.(618)

Sin embargo, la uniformidad en el vestuario debió ser bastante aleatoria, según vemos en la cita siguiente:

Hice, con licencia de mi amo, de aquella ganancia un vestidillo a uso de forzado viejo, calzón y almilla de lienzo negro ribeteado, que por ser verano era más fresco y a propósito. (624)

De todos modos, no es muy comprensible que nuestro personaje se comprara unas prendas de color negro para ir fresco en verano.

En relación con el rapado de la cabeza y la barba es preciso añadir que a los galeotes musulmanes se respetaban sus creencias, dejándoles un mechón de pelo para que, en caso de muerte, Alá pudiera asirlos por él y llevarlos al Paraiso.

Boga

Lamentablemente, en toda la obra sólo hay una alusión al ritmo de boga, y en este caso se trata de un modo descansado y sin prisas, de manera que no se hizo uso de ningún medio de castigo para forzarlo.

Estando mi peso en este fiel, fue necesario salir a Cádiz mi galera por unos árboles y entenas, brea, sebo y otras cosas. Que fue aqueste viaje la primera cosa en que trabajé. Que, como era tan privado del cómitre, no me obligaban a más de lo que yo quería, y, como aquesta faena no fuese a mi parecer trabajosa, por no ir en alcance o de huida donde importan el trabajo y fuerzas, y por entre puertos de ordinario se boga descansadamente y sin azotes, como por entretenimiento, fui aguantando el remo, sólo por comenzar a saber lo que aquello era en alguna manera. Mas no fue tan poco ni fácil, que a causa de que traíamos remolcando los árboles y entenas, cuando llegamos a dar fondo, no viniese muy bien cansado y sudado, por no querer apartarme de allí ni dar ocasión a murmuración, dejando de la mano lo que una vez quise de mi gusto poner en ella. Fue aquesto causa que con facilidad aquella noche, después de acostado mi amo, me durmiese, dejándome caer como una piedra. Y dilo bien a entender a mis camaradas, pues lo que antes no me habían…(622)

Cadenas

Los galeotes iban siempre encadenados, mediante una trozo o ramal de cadena sujeta con un grillete al collar puesto en el cuello, a una anilla que llevaba alrededor del pie, o a la manilla que rodeaba una o cada mano.

El mozo del alguacil se llegó luego a echarme una calceta y manilla, con que me asió a un ramal de los más mis camaradas.(618)

Para … pasar de la cárcel a las galeras, …  a seis de nosotros nos cupo ir juntos a una…. Luego nos entregaron a los esclavos moros, que con sus lanzones vinieron a llevarnos y, atándonos las manos con los guardines que … traían, fuimos con ellos. Entramos en galera,…(617-8)

…mucho  por lo  bien  que  comigo se  hallaba.  Echáronme un  largo  ramal,  y  cuando  el  caballero  me  tuvo  en  su  presencia,  holgóse  de  verme,  porque correspondían mucho mi talle, rostro y obras. Enfadóse de verme asido, como si fuera mona. Pidióle al capitán me pusiesen una sola manilla y así se hizo. (628)

Navegación de la galera

De hecho, la navegación de la galera no era placentera para nadie; para los galeotes es obvio, pero tampoco para los mandos y personalidades que estuvieran a bordo. Téngase en cuenta que se trataba de una unidad con una densidad de personas muy elevada, de las cuales una buena parte estaba encadenada a los bancos de boga, donde sudaban, comían y descomían, de modo que el hedor era insoportable. Se dice que de noche se podía oler la existencia de una galera nada menos que a tres millas de distancia. Ese hedor obligaba a las personalidades de a bordo llevar un criado que se dedicara constantemente a esparcir algún perfume en el aire y así hacer que el ambiente fuera más agradable. Este hecho dio lugar a la proliferación de fabricantes de perfumes y esencias, principalmente en la localidad francesa de Grasse, situada a unos 10 km al NNW de Cannes, que aún hoy sigue siendo el polo y la capital mundial de referencia esos productos.

Por otro lado, la navegación de una galera era problemática en todo momento, incluso con buen tiempo, según vemos en la cita siguiente:

Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo, aun en bonanza, por varios acaecimientos que suceden, con ser en su arte diestro; y tú, que nunca viste la mar ni conoces del arte del marcar, quieres gobernarla y engolfarte donde no sabes.(134)

Y como la navegación era normalmente bojeando la costa el uso del escandallo para saber la profundidad del agua era frecuente:

…viniendo el mozo del alguacil con el escandallo,…(623)

En cambio, del compás, es decir, de la brújula, solo la trata una vez:

A cuán derecha regla, recorrido nivel y medido compás ha de ajustarse aquel desventurado pretendiente que por el mundo ha de navegar,…(231)

Sin embargo, se usa un par de veces una forma derivada de ella, pero que no tiene nada que ver con la navegación:

¡Cuántas veces tomé la carta postrera y, poniéndola debajo, veía si era buena o no, y muy de espacio brujuleaba la otra va vista y hacía partidos, que era robar en poblado! (264)

Los que brujulean los naipes con mucho espacio,…(508)

Mal tiempo

La navegación con mal tiempo ofrecía muchas dificultades que era preciso superar para la seguridad de la galera y su tripulación. Para ello, era preciso tomar la decisión más adecuada, que se adoptaba tras la reunión de los expertos de a bordo:

…los consejeros y pilotos, hicieron junta en la popa, con ánimo de prevenirse de remedio contra tan espantosas amenazas. (487)

Una de las primeras medidas fue la de estibar los remos en los filares, siendo estos unas tablas que, juntamente con los filaretes –que son más delgados y situados más arriba –, forman sendas hiladas en las batayolas dispuestas a lo largo de la postiza y servían para suspender los elementos que protegían a los remeros de los proyectiles del enemigo, entre otros usos.

Pusieron los remos encima de los filares(487)

Luego se puso a los pasajeros y soldados debajo de la cubierta y se calafatearon las escotillas de proa:

A los pasajeros y soldados los hicieron bajar a las cámaras, muy contra toda su voluntad. Comenzaron a calafatear las escotillas de proa, no faltando en todo la diligencia … para salvar las vidas que tan a peligro estaban.(487)

También se pusieron fanales de mal tiempo y un experto al timón:

… mandaron poner fanales de borrasca. La mar andaba entonces por el cielo, abriéndose a partes hasta descubrir del suelo las arenas. Fue necesario poner en el timón de asistencia un aventajado. (488)

El cómitre, por su parte, atado al estanterol, hizo cuanto pudo para salvar la galera:

El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla, determinado de morir en aquel puesto sin apartarse del, o de sacar en salvamento la galera. (488)

El resultado del mal tiempo fue el destrozo del aparejo:

…no dejándonos el viento pedazo de la vela sano, y tanto, que fue necesario subir el treo, que es otra vela redonda con que se corren las tormentas…(488)

Abordaje de otra galera

Por si los daños del temporal fueran pocos, la galera sufrió el abordaje de otra galera, sufriendo graves daños en la popa e incluyendo la pérdida del timón, lo que obligó a armar don remos como espadillas:

… quiso nuestra desgracia que viniese sobre nosotros una galera mal gobernada y, embistiéndonos por la popa, nos echó gran parte a la mar, y … saltó el timón …. Mas … hicieron pasar los dos remos de las espaldas a las escalas, de donde nos íbamos gobernando con grandísimo trabajo. (488)

Hombre al agua

Hubo quien no pudo resistir el malestar que sentía a bordo y optó por arrojarse al agua:

…levantándose Sayavedra … se arrojó a la mar por la timonera, sin poderlo más cobrar. … el marinero de guardia sintió el golpe, dijo a voces: "¡Hombre a la mar! (489)

Votos

Como siempre, en caso de peligro en la mar, por el mal tiempo u otra causa, es normal que cualquier afectado piense:

¡Perdido soy! Deste bordo se aniega mi barquilla, que no hay piloto que la salve ni maestre que la gobierne. (355)

En tal caso, lo natural es buscar la salvación rezando y haciendo un voto a la Virgen o al santo de su devoción:

¡Cuántos votos hacían! ¡A qué varias advocaciones llamaban! Cada uno a la mayor devoción de su tierra. Y no faltó quien otra cosa no le cayó de la boca, sino su madre. Qué de abusos y disparates cometieron, confesándose los unos con los otros, como si fueran sus curas o tuvieran autoridad con que absolverlos. Otros decían a voces a Dios en lo que le habían ofendido y, pareciéndoles que sería sordo, levantaban el grito hasta el cielo, creyendo con la fuerza del aliento levantar allá las almas en aquel instante, pareciéndoles el último de su vida.(488)

…con l voto que hicieron y obligación que firmaron en los libros de Dios, donde no puede haber mentiras ni borrones.(136)

Castigos a bordo

Mateo Alemán nos proporciona una explicación de daños tan evidente, que conviene no silenciar:

… las cuchilladas presto sanan; pero dadas en las bolsas, tarde se curan y para siempre duelen.(478)

Normalmente, los castigos a bordo eran por hurtos u otros delitos menores, castigándose con una ración de palos o azotes en la espalda. Para ello se arrizaba al reo convenientemente, es decir, se le ataba bien, pues ese es uno de los significados marineros de aquella voz, según reconoce la Real Academia Española, aunque entre la gente de mar se la asocia comúnmente con la acepción de maniobra de tomar rizos.

A veces, los castigos se aplicaban por hechos que ahora pueden parecernos nimios.

Si para socorrer alguna necesidad vendía la ración, me azotaban, tratándome siempre tan mal, que verdaderamente deseaban acabar comigo.(635)

Los castigos más usuales a bordo eran los palos, es decir, los azotes dados con el arco de pipa o la anguila de cabo. Aquel es el aro o cerco de madera, generalmente de castaño, que rodea las pipas y barriles, para mantener firmes y sujetas las duelas o tablas que los forman. La anguila de cabo, por su parte, era el rebenque o látigo de cuero o de cáñamo, con las fibras debidamente colchadas y embreadas.

… le sirven a … el cómitre por temor del arco de pipa o anguila de cabo, que nunca se les cae de la mano.(620)

…fue tanto el coraje que cobró el cómitre con el mozo del alguacil, porque no se los daba con las ganas que él quisiera, que le mandó dar luego a él otros tantos, demás de otros muchos que le dio de su mano con un arco de pipa.(623)

…volvió luego a mandar arrizar otra vez al delincuente, a quien bastaran los azotes ya pasados. Mas cuando se vio arrizar otra vez, creyó del cómitre que lo había de matar a palos hasta que confesase la verdad…(623)

El capitán mandó al mozo del alguacil que me diese cincuenta palos, de los cuales me libró mi amo, rogando por mí que se me perdonase, por ser la primera; y me advirtió que, si en otra me cogían, lo pagaría todo junto. (632)

…le dieron a cada uno cincuenta palos de hurtamano, que les hicieron levantar los verdugos en alto, dejando los cueros pegados en él. (623)

En la cita precedente aparece el calificativo hurtamano, cuyo significado es con crueldad, sin compasión u otras formas equivalentes.

En cualquier caso el castigo era muy doloroso, y el reo terminaba con la espalda despellejada y llena de sangre. Pero la cosa no terminaba ahí, pues seguidamente se le curaba a base de friegas con sal y vinagre, lo cual debía ser más doloroso aún.

…después de bien azotados, los lavaban con sal y vinagre fuerte, fregándoles las heridas, dejándolos tan torcidos y quebrantados, como si no fueran hombres. (623)

Fregáronme todo el cuerpo con sal y vinagre fuerte, que fue otro segundo mayor dolor(633-4)

En alguna ocasión hubo la pretensión de ampliar el castigo con azotes en la barriga:

El capitán quisiera que me dieran otro tanto en la barriga…(634)

En cambio, cuando se trataba de delitos mayores, como es el caso de un alzamiento o rebelión con el propósito de apoderarse de la galera, el castigo era evidentemente muy grande.

Condenaron a Soto y a un compañero, que fueron las cabezas del alzamiento, a que fuesen despedazados de cuatro galeras. Ahorcaron cinco; y a muchos otros que hallaron con culpa dejaron rematados al remo por toda la vida, siendo primero azotados públicamente a la redonda de la armada. Cortaron las narices y orejas a muchos moros, por que fuesen conocidos, y, exagerando el capitán mi bondad, inocencia y fidelidad, pidiéndome perdón del mal tratamiento pasado, me mandó desherrar y que como libre anduviese por la galera, en cuanto venía cédula de Su Majestad, en que absolutamente lo mandase, porque así se lo suplicaban y lo enviaron consultado.(637)

Hay también el castigo rayano en la tortura para lograr la confesión de un delito.

Subiéronme arriba, donde me tuvieron grande rato atado por las muñecas de los brazos y colgado en el aire. Fue un terrible tormento, donde creí espirar. Porque se me afligió el corazón de manera que apenas lo sentía en el cuerpo y me faltaba el aliento. Bajáronme de allí, no para que descansase, sino para volverme a crujía. Arrizáronme (o sea le ataron) a su propósito de barriga y así me azotaron con tal crueldad, como si fuera por algún gravísimo delito. Mandáronme dar azotes de muerte; mas temiéndose ya el capitán que me quedaba poco para perder la vida y que me había de pagar al rey, si allí peligrase, tuvo a partido que se perdiese antes el trencellín que perderlo y pagarme. (634)

En este caso se evitó el causar la muerte del castigado, pues de producirse era obligado pagar la pérdida al rey. El importe a pagar no consta en la obra, pero podemos suponerlo si tenemos en cuenta la cita siguiente:

…a el capitán, de allí a poco que vino, le puse cincuenta escudos en el puño, que fue comprar con ellos un esclavo…(484)

Personal de la galera

Capitán

Era el que ostentaba el mando militar de la galera. Como desconocía el arte de navegar, de este cometido se encargaba el piloto.

Como ganase un día poco más de cien escudos y hubiese halládose a mi lado un capitán de galera, de quien sentí haberse aficionado a mi juego…(463)

…vásele su mujer a Italia con un capitán de galera, dejándolo solo y pobre. Vuelve a hurtar como solía(589)

Maestre

El maestre era el segundo del capitán de la galera. Entre otras funciones tenía la de llevar las cuentas del buque. A veces, en alguna época se dio ese nombre al capitán o al propietario del buque.

Deste bordo se aniega mi barquilla, que no hay piloto que la salve ni maestre que la gobierne.(355)

…un pasajero, el cual, yendo navegando y sucediéndole una gran tormenta, mandó el maestre del navío que alijasen presto de las cosas de más peso para salvarse, y, tomando a su mujer en brazos, dio con ella en la mar. Queriéndolo después castigar por ello, escusábase diciendo que así se lo mandó el maestre y que no llevaba en toda su mercadería cosa que tanto pesase, y por eso lo hizo.(550)

Piloto

El experto en el arte de navegar y, por lo tanto, el que dirigía todo lo correspondiente a la navegación de la galera.

Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo, aun en bonanza, por varios acaecimientos que suceden, con ser en su arte diestro; y tú, que nunca viste la mar ni conoces del arte del marcar, quieres gobernarla y engolfarte donde no sabes.(134)

…encima dellos aquella negregura tenebrosa; lo cual visto por los consejeros y pilotos, hicieron junta en la popa, con ánimo de prevenirse de remedio contra tan espantosas amenazas.(487)

Cómitre

Era el que ejercía el mando de los remeros, así como de castigarlos, y el encargado de fijar y mantener el ritmo de la boga.

…discurra qué pasatiempo se podrá tomar con el que siempre lo pasa —preso y aherrojado— con un renegador o renegado cómitre. (310)

Entramos en galera, donde nos mandaron recoger a la popa, en cuanto el capitán y cómitre viniesen, para repartirnos a cada uno en su banco,… (618)

El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla,…(488)

…no hallé cosa que tan a cuento me viniese como el cómitre, por más mi dueño… (619)

…si le sirven a él por amor, a el cómitre por temor del arco de pipa o anguila de cabo, que nunca se les cae de la mano.(620)

…como era tan privado del cómitre, no me obligaban a más de lo que yo quería,…(622)

Cuando el cómitre se levantó de dormir y le di el vestido, hícele larga relación de mi desgracia,…(623)

Creyeron que todo había sido y nacido de deseo que tenía de volver a servir a mi amo el cómitre y, cuanto más lo suplicaba, más instaban en que por el mismo caso, aunque me pesase, había de asistir allí toda mi vida. (632)

…mandaron al cómitre que ninguna me perdonase; antes que tuviese mucho cuidado en castigarme siempre los pecados veniales como si fuesen mortales.(634)

Escribano

Aunque no consta en la obra como miembro de la tripulación, sí podemos decir que era el que hoy en día se denomina amanuense en la Marina, o sea el encargado de hacer cualquier escrito.

…estuvo preso por lo que tú dices o a ti te dijeron; que por ser hombre rico y —como dicen— el padre alcalde y compadre el escribano, se libró;… (24)

El dinero faltó para la buena defensa. No tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez enojado y echóse a dormir el procurador. Pues el solicitador, ¡pajas! Ya no había sustancia en el gajo. Fuéronse las avispas. Dejáronme solo. Confirmaron la sentencia, con que los azotes fuesen vergüenza pública y las galeras por seis años. (610)

Alguacil

En la obra no consta su existencia a bordo, aunque en tierra aparece unas 25 veces. De hecho es el que ejerce el oficio de utilidad pública de impartir justicia, con atribuciones de detener a los delincuentes y de llevar la vara propia del cargo que ostenta.

Capellán

Era el sacerdote de a bordo. En el pasado hubo tiempos en que no se celebraba a bordo misa durante la navegación, pero de hacerse era la llamada misa seca, es decir, sin consagración del vino, cuando por efecto de los balances se corría el riesgo de que pudiera verterse.

Ellos dormían con el capellán en el escandelar… (628)

Mozo

En general, es sinónimo de persona joven, y en la obra que nos ocupa ejerce de ayudante o subordinado de alguna autoridad, en este caso del alguacil, o que trabaja como criado al servicio de alguien de mayor rango o categoría social.

El mozo del alguacil se llegó luego a echarme una calceta y manilla,…(618)

Criado

Cayóle al cómitre tan en gracia lo bien que le truje acomodado el cuento, que me hizo mudar luego de banco, pasándome a su servicio con el cargo de su ropa y mesa,… (621)

Barberote

Sin duda es el barbero en versión despectiva, posiblemente por no ser demasiado fino en su trabajo.

Vino el barberote. Rapáronme la cabeza y barba, que sentí mucho, por lo mucho en que lo estimaba;…(618)

El oficio de barbero implicaba, además de los cortes de pelo, el ejercicio de la actividad de cirujano, debiendo atender a todos los enfermos y heridos de a bordo. Sin embargo, cuando la galera contaba con un cirujano, el barbero estaba a un nivel inferior al de aquel en lo concerniente a cuestiones de sanidad. Se dice que el barbero estaba obligado a hacer la labor de cirujano, por la sencilla razón de que a menudo producía algún corte en la cabeza o cara de quien acudía a el para pelarse o afeitarse, y, por lo tanto, debía curarlo. Y si se trataba de algún herido en la cabeza, debía cortarle el pelo antes de proceder a su cura. Era lógico, pues, que ambos oficios fueran unidos.

Conclusiones

Aquí ponemos fin a todo lo escrito hasta aquí, basado en los datos extraídos de la obra de Mateo Alemán, que han sido analizados y aclarado su significado cuando ofrecían alguna duda o dificultad, en particular en aquellos casos en que su interpretación no coincidía con la normalmente admitida.

Además, para finalizar, es curioso hacerlo con las tres citas harto elocuentes que vienen a continuación:

De la mar

¡Gran lástima es que críe la mar peces lenguados y produzca la tierra hombres deslenguados! (457)

Manifestáronse ayunos, así de manjares como de bienes temporales, con una sed tan intensa que se sorberán la mar y no quedarán hartos.(458)

Empero, como Madrid era patria común y tierra larga, parecióme no dejar un mar por el arroyo.(522)

Bibliografía

ALEMÁN, M.: Guzmán de Alfarache, Ediciones perdidas, Retamar (Almería), s.f., en versión digital, cuyo acceso por Internet es:

http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/GuzmandeAlfarache.pdf

FONDEVILA SILVA, P.: Diccionario español de la lengua franca marinera mediterránea, Fundación Séneca, Murcia, 2011. GUEVARA, A. de: Libro de los inventores del arte del marear, y de muchos trabajos que se passan en las galeras, Impreso por Thomas Porralis, Pamplona, 1579.

LANDÍN CARRASCO, A.: Miscelánea marinera, Editorial San Martín, Madrid, 1984.

MALARA, Juan de: Descripción de la Galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, Francisco Álvarez y Cª, impresores, Sevilla, 1876.

MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera Real. Recuerdos, reliquias y trofeos, Diputación

Provincial de Barcelona, Barcelona, 1971.

Notas

1 En diversas fuentes el apellido aparece escrito Malára, Mal Lara, Mallara, Mal-lara y Mal• lara.

2 MALARA, Juan de: Descripción de la Galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, Francisco Álvarez y Cª, impresores, Sevilla, 1876.

3 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., p. 14.

4 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., pp. 14 y 15.

5 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., p. 15.

6 ALEMÁN, M.: Guzmán de Alfarache, Ediciones perdidas, Retamar (Almería), s.f., en http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/GuzmandeAlfarache.pdf

7 Microsoft Office Access

8 MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera Real. Recuerdos, reliquias y trofeos, Diputación

Provincial de Barcelona, Barcelona, 1971, p. 69 y ss.

9 Se puede consultar, además de la obra citada en el punto anterior, FONDEVILA SILVA, P.: Diccionario español de la lengua franca marinera mediterránea, Fundación Séneca, Murcia, 2011, 494 pp. Las ilustraciones en p. 459 y ss.

10 MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera…, op. cit., pp. 74-77.

11 GUEVARA, A. de: Libro de los inventores del arte del marear, y de muchos trabajos que se passan en las galeras, Impreso por Thomas Porralis, Pamplona, 1579, p. 19 r.

12 GUEVARA, A. de: Libro de los inventores…, op. cit., p. 18 r.

13 LANDÍN CARRASCO, A.: Miscelánea marinera, Editorial San Martín, Madrid, 1984, p. 101.

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Introducción
Mateo Alemán y de Enero (1547-1614), sevillano, es el insigne y bien conocido escritor del Siglo de Oro que estableció y consolidó el género de novela picaresca con su popular obra titulada “Guzmán de Alfarache”, publicada en dos partes, en 1599 y 1604. En síntesis, de su biografía se desprende que hizo estudios de Humanidades, habiendo tenido como maestro al también sevillano Juan de Malara1 (1524-1571). De éste creo imprescindible recordar el hecho de haber diseñado la decoración de la galera Real, que mandó Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto, en 1571, y cuyo detalle figura en el texto titulado Descripción de la galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, publicada en 1876, con una tirada de 300 ejemplares2. La citada decoración, sigue las indicaciones3 llegados de la corte de Felipe II y está compuesta de esculturas, pinturas, relieves, taraceas, además de lemas, jeroglíficos, dichos y sentencias, con la doble finalidad de declarar:
                                                           4 “…las uirtudes que en vn capitan General de la Mar han de concurrir…”
-5
“… y que la mesma galera sirua de libro de memoria que a todas horas abierto amoneste al Señor Don Juan en todas sus partes lo que deue hazer.”
Volviendo a Mateo Alemán cabe sintetizar que en 1564 se graduó de Bachiller en Artes y Teología. Posteriormente trabajó en Hacienda y tuvo también varios negocios, que no debieron irle muy bien, pues en
1580 entró en la cárcel por deudas, permaneciendo encarcelado durante dos años y medio. Es indudable que esa larga estancia le serviría de escuela donde aprendió sobre la vida y actividades de los malhechores, que luego ampliaría en Almadén, en 1593, durante su estancia como juez visitador, conversando con algunos
condenados a trabajos forzados en las minas de mercurio. En 1602, en Sevilla, pasó de nuevo unos meses en la cárcel por deudas. El año 1608 se trasladó a Méjico, donde murió.
La obra en sí que nos ocupa6 es accesible por Internet, hecho que facilita extraordinariamente la labor del
vaciado, pues evita el entretenido trabajo de copiar a mano los fragmentos de texto de interés, sustituyéndolo por la selección y archivo de cada uno de ellos, utilizando como nombre el número de la página donde se encuentran. A continuación se hace un catálogo de esos párrafos, introduciendo en Access7 el tema o palabra significativa de cada uno de ellos, acompañado de la página donde se encuentran. Luego, basta con ordenar alfabéticamente la columna de dichos temas o palabras significativas, con lo que obtendremos la agrupación de los iguales. Entonces uno puede desarrollar ya el artículo que pretende. Aquí cabe añadir que el proceso indicado no evita la lectura atenta y detallada del texto, pues de utilizar la conocida opción de Buscar se corre el riesgo de que el ordenador se pase por alto algunas de ellas, principalmente aquellas que llevan una letra cambiada o se encuentran a final de línea y están partidas por un guión.
Por otro lado, creemos necesario advertir que al proceder la mayor parte de las citas de la obra indicada en la Nota 6, se ha evitado el marcar cada una de las citas de dicha obra con el oportuno número en superíndice, lo que hubiera representado un considerable aumento de páginas de este texto, sino indicar, entre paréntesis, la página concreta de la obra indicada, de donde procede.
Yendo ya al objeto de este trabajo, creo interesante sacar a relucir, como preámbulo, que en la obra que nos ocupa el autor usa una retórica plagada de rimas, refranes, alegorías y metáforas, que ponen en evidencia la riqueza estilística y la fluidez de ideas y de léxico del mismo, lo cual da como resultado que la lectura sea realmente muy amena y entretenida.
Si tenemos en cuenta que el protagonista, que en lo sucesivo y para simplificar llamaremos simplemente Guzmán, es un hombre cuya fortuna y pobreza se fueron alternando a lo largo de su vida, viéndose obligado en los momentos de gran necesidad a hacer uso de todo su ingenio y habilidad para obtener aquello que precisaba para llevarse a la boca y saciar el hambre. De hecho, él era realmente un pícaro, muy astuto e ingenioso en el engaño, cuyas acciones no vamos a mencionar, por salirse del objetivo que perseguimos en este trabajo, pero sí vamos a utilizarlo para deducir las peculiaridades de la sociedad de la época. Por otro
lado, a lo largo del texto aparecerán algunas citas total o parcialmente repetidas. La razón es el deseo de facilitar la lectura y evitar que el lector deba molestarse en buscar la cita en otro lugar.
Para empezar demos una breve ojeada al entorno de los practicantes de las sisas, hurtos y demás acciones de esa índole por parte de una gran proporción de la sociedad aludida en la novela, y veremos también como lo justifica el propio autor.
Practicantes del hurto
En el transcurso de la obra se pone en evidencia que los más adictos a la práctica del hurto no son sólo los pillos y los desgraciados del estrato más bajo de la sociedad, sino que también comparten esa actividad algunos profesionales de ciertos oficios:
“…que no se robe; que el dejar perder no es franqueza y con lo que hurtan veedor, cocinero y despensero, que son los tres del mohíno, se pueden gratificar seis criados. No digo más del robo destos que del desperdicio de esotros, pues todos hurtan y todos llevan lo que pueden cercenar de lo que tienen a cargo, uno un poco y otro otro poco; de muchos pocos se hace un algo y de muchos algos un algo tan mucho, que lo embebe todo.” (154)
Aunque, por lo que se ve, había algún lugar donde la práctica era general:
“En Malagón en cada casa un ladrón, y en la del alcalde hijo y padre.” (186)
Presunción de responsabilidad
Como es costumbre, siempre hay la pretensión de encontrar al responsable de cada acto, y en este caso también lo hace el autor:
“Gran culpa desto suelen tener los amos, dando corto salario y mal pagado, porque se sirven de necesitados y dellos hay pocos que sean fieles.” (154)
Las apariencias engañan
Pero el propio autor es consciente de que muchas veces la responsabilidad es fruto del aspecto o del nivel social de los implicados:
“Ni se condena el rico ni se salva el pobre por ser el uno pobre y el otro rico, sino por el uso dello. Que si el rico atesora y el pobre codicia, ni el rico es rico ni el pobre, pobre, y se condenan ambos,…” (506)
El delito y sus consecuencias
Veamos ahora los castigos que los tribunales podían imponer a los que quebrantaban la ley.
Las condenas existentes y a las que podían ser sentenciados podían ser siete: pago de costas, resarcimiento del importe defraudado, multa, vergüenza pública, azotes, destierro –temporal o perpetuo–, galeras –por un tiempo determinado o de por vida–, y horca, aunque esta última pudiera ser sustituida por el degüello. Aquí podríamos añadir las múltiples –que implican la condena a varias de las penas indicadas– y las singulares, según podemos observar en la obra de Mateo Alemán. Veamos, pues, unas muestras de cada una de ellas.
a) Condena a costas
“… me lo entregaron por sentencia, quedándose mi mercader sin ellos y condenado en costas, demás de la infamia general que le quedó del caso.” (452)
b) Condena al resarcimiento del importe defraudado
“…condenáronme que pagase la cebada de mi jumento de aquella noche.” (120)
Y si el condenado no tenía posibilidad de pagar, había otra forma de hacerlo: la de convertirse en esclavo.
“… luego que salió de la cárcel, …  que para en cuenta y parte de pago de su deuda quería como un esclavo servirme toda su vida.” (385)
c) Condena a multa y reparto de la misma
“…pena que el que lo imprimiere o vendiere haya perdido y pierda todos y cualesquier libros, moldes y aparejos que dél tuviere, y mas incurra en pena de cincuenta mil maravedís por cada vez que lo contrario hiciere; la cual dicha pena sea tercera parte para el denunciador, y la otra tercia parte para la nuestra Cámara, y la otra tercia parte para el juez que lo sentenciare.” (viii)
d) Condena a la vergüenza pública
“…se dispone a recebir por ello la pena en que fuere condenado? Roba un ladrón una casa y paséanlo por la ciudad.” (378)
“… por ser este hurto el primero en que se había hallado, …, fue condenado en vergüenza pública y en destierro de aquella ciudad por cierto tiempo.” (375-6)
e) Condena a azotes
“…me mandó dar una docena cabal de azotes por lo de las conservas…” (252)
“…te sentenció el teniente a docientos azotes y diez años de galeras.” (609)
f) Condena a destierro
“… acordaron las divinas leyes de ordenar el destierro, que sin duda es el castigo mayor… porque dejan los amigos, los parientes, las casas, las heredades, el regalo, el trato y negociación, y caminar sin saber adónde y tratar después no sabiendo con quién.” (378)
“… vino la Verdad a no querer ser oída, y de no quererla oír llegaron a no quererla decir, que de un escalón se sube a dos y de dos hasta el más alto,…, , siendo condenada en perpetuo destierro y a que en su silla fuese recebida la Mentira.” (244)
g) Condena a galeras
“Si fuera delito, mala cosa o hurto, claro está que se castigara, pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobretos a las galeras.” (24)
“…no es útil a la república ni buena policía hacer a ladrones tanto regalo; antes por leves hurtos debieran dárseles graves penas. Échenlos, échenlos en las
galeras,…” (380)
h) Condena a la horca
“… que se castigara y tuviera remedio esta honrosa manera de robar, aunque mi padre estrenara la horca.” (24)
“… no lo pudieron defender que no fuese condenado a horca pública.” (116)
“Ladrones hay dichosos, que mueren de viejos; otros desdichados, que por el primer hurto los ahorcan.” (157)
“Fue condenado a muerte de horca,…” (377)
i) Condena a ser degollado
“… don Alonso defendía, diciendo no permitirse ni poder ser ahorcado un caballero de noble sangre, …, que, cuando el delito fuera mayor, la distancia de las calidades le salvara la vida, y en especial de muerte de horca, y debiera ser degollado” (117)
j) Condena múltiple
 “… un señor juez, el cual condenó a uno en cierta pena pecuniaria y aplicó della docientos ducados para la Cámara, y mandó por su sentencia que, en defeto de no pagarlos, fuese a servir diez años en las galeras a el remo, sin sueldo, y, en siendo cumplidos, fuese vuelto a la cárcel del mismo pueblo y en él fuese ahorcado públicamente.” (411)
k) Condenas singulares
En el apartado titulado Arancel de necedades (511), entre muchas condenas muy peculiares, aparecen las
formas despectivas siguientes:
“… los que fueren andando y hablando por la calle consigo mesmos y a solas o en su casa lo hicieren, los condenamos a tres meses de necios, dentro de los cuales mandamos que se abstengan y reformen…“. (512)
“… los condenamos por necios de vaqueta y, siendo nobles, por de terciopelo de dos pelos, fondo en tonto.” (514)
Una ojeada a jueces y juicios
Abundan las citas a la poca imparcialidad o ecuanimidad de los jueces:
“… decir des te tal que vende la justicia dejando de castigar lo malo y premiar lo bueno y que, si le hallara rastro de pecado, lo salvara, niégolo y con evidencia lo pruebo.” (26)
“¿Quién ha de creer haya en el mundo juez tan malo, descompuesto ni desvergonzado —que tal sería el que tal hiciese—, que rompa la ley y le doble la vara un monte de oro?” (26)
Aunque es obvio que no faltan los engaños o estratagemas para lograr una sentencia favorable:
“Digamos algo de un testigo falso, cuya pena deja el pueblo amancillado y a todos es agradable gustando de su castigo por lo grave de su delito. ¡Que por seis maravedís haya quien jure seis mil falsedades y quite seiscientas mil honras o interés de hacienda, que no son después poderosos a restituir! ¡Y … así acuden ellos a los consistorios y plazas de negocios, a los mismos oficios de los escribanos, a saber lo que se trata, y se ofrecen a quien los ha menester! No sería esto lo peor, si no los conservasen allí los ministros mismos para valerse dellos.” (458)
“Testigos falsos hallará quien los quisiere comprar; en conserva están en las boticas de los escribanos. Váyanlos a buscar … todos lo(s) conocen.” (458)
El poder de la propina y otras sutilezas
A veces, una buena propina mejoraba las cosas:
“Quisieron echarme grillos. Redimílos a dineros, pagué al portero a cuyo cargo estaban y al mozo que los echa. El escribano acudía; las peticiones anduvieron; daca el solicitador, toma el abogado, poquito a poquito, como sanguijuelas, me fueron chupando toda la sangre, hasta dejarme sin virtud. Quedé como el racimo seco, en las cáscaras.” (608)
Hay también quienes buscan cualquier subterfugio para hacerse con un puesto o cargo de mayor categoría, y cobro de primicias:
“Bien que por ahí dicen algunos que esto de pretender oficios y judicaturas va por ciertas indirectas y destiladeras, o, por mejor decir, falsas relaciones con que se alcanzan; y después de constituidos en ellos, para volver algunos a poner su caudal en pie, se vuelven como pulpos. No hay poro ni coyuntura en todo su cuerpo que no sean bocas y garras. Por allí les entra y agarran el trigo, la cebada, el vino, el aceite, el tocino, el paño, el lienzo, sedas, joyas y dineros. Desde las tapicerías hasta las especerías, desde su cama hasta la de su mula, desde lo más granado hasta lo más menudo; de que sólo el arpón de la muerte los puede desasir, porque en comenzándose a corromper, quedan para siempre dañados con el mal uso y, así reciben como si fuesen gajes, de manera que no guardan justicia; disimulan con los ladrones, porque les contribuyen con las primicias de lo que roban; tienen ganado el favor y perdido el temor, tanto el mercader como el regatón, y con aquello cada no tiene su ángel de guarda comprado por su dinero, o con lo más difícil de enajenar, para las impertinentes necesidades del cuerpo, demás del que Dios les dio para las importantes del alma.” (26)
Delitos que se pasan por alto
Como suele suceder, siempre hay algunos afortunados que salen bien librados de la justicia.
“…mi padre… se alzó dos o tres veces con haciendas ajenas, también se le alzaron a él, … Solo es Dios el juez de aquestas cosas, mire quien los absuelve lo que hace. Muchos veo que lo traen por uso y a ninguno ahorcado por ello. Si fuera delito, mala cosa o hurto, claro está que se castigara, pues por menos de seis reales vemos azotar y echar cien pobretos a las galeras.” (24)
Citas curiosas
Otras citas curiosas son:
“… mozo de ventero, que es peor que de ciego.” (129)
“Que, aunque es trabajo tener amo, es mayor tener mozo…” (142)
“… (es una dicha el vivir) remoto de pleitos, ajeno de demandas, libre de falsos testigos, sin recelo que te repartan y por temas te empadronen;…” (142)
Hablemos ya de cosas de mar
Empecemos por sacar a relucir los tipos de buques que aparecen citados en el texto. Para los marinos, el nombre genérico que los engloba a todos es el de buque, aunque coloquialmente se usa también el de barco. La Real Academia Española admite también como tales las voces nave, embarcación y navío, aunque este
último, que asocia en primera acepción a buque de guerra de vela, es decir, la unidad de la armada propia de los siglos XVIII y XIX, y en segunda a buque grande mercante fortificado. De ahí que entre los de tierra adentro empleen el término navío como genérico de buque grande de cualquier clase, cosa que no ocurre entre los marinos, pues, para evitar confusiones, no lo empleen como genérico, y como tal usan los términos buque y unidad.
Aquí debemos añadir que entre las embarcaciones las hay con ese nombre a secas, en cuyo caso se suele aplicar raras veces por los marinos como buque pequeño, y las que califican de menores, que incluyen todas las barcas y botes de pequeño tamaño.
Veámoslas todas ellas por orden alfabético, aunque dejaremos en último lugar a la galera:
Barca (embarcación menor)
“Y a tengo los pies en la barca, no puedo volver atrás.” (304)
“Deste bordo se aniega mi barquilla,…". (355)
Bote
Aparece en dos ocasiones, pero una se refiere a un envase (144) y la otra es una forma del verbo botar aplicado a una pelota (457).
Embarcación (barco o embarque)
“Queríame pasar a las Indias y aguardaba embarcación,…” (604)
Embarcación (embarque)
“…al segundo día de su embarcación le faltaron de la cadena diez y ocho esclabones,…” (628)
Esquife
Bote, embarcación menor de servicio, que se lleva a bordo.
“Dábale la mano a la salida del esquife.” (629)
Nave (buque, embarcación con cubierta y velas)
“La nave fue saqueada y él, con los más que en ella venían, cautivo y llevado en Argel, donde, medroso y desesperado —el temor de no saber cómo o con qué
volver en libertad, desesperado de cobrar la deuda por bien de paz—, como quien no dice nada, renegó.” (23)
“Mejor se asegura la nave sobre dos ferros, que con uno: cuando el uno suelte, queda el otro asido.” (33)
“Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo,…” (134)
“Señal es del peligro conocido
adonde fue la nave zozobrada,…” (ccxcix)
“…cuando el patrón de la nave aquí me halle, todo será decirle que su criada me trujo y que soy su marido.” (347)
Navío (buque de guerra; buque grande de comercio)
“…como si fuera de tanto peso y balume que se hubiera de hundir el navío con ellas,…” (228)
“…como los cosarios que salen por la mar, quien pilla, pilla: cada uno arme su navío lo mejor que pudiere y ojo a el virote –siendo dicho virote una especie de flecha o saeta–” (415)
“…o por nuestra desventura dar con el navío al través,…” (438)
“… dio con el navío encima de unas peñas,…” (490)
“… mandó el maestre del navío que alijasen presto de las cosas de más peso…” (550)
Galera (Embarcación larga, de vela latina y poco calado)
La galera era una nave muy alargada, propulsada a remos y velas latinas, que se caracterizaba por su escaso calado. Fundamentalmente era una nave de guerra, si bien las hubo también de mercantes -especialmente armadas por venecianos-. Era típica del Mediterráneo, aunque también se utilizó en el Báltico y unas pocas en el Nuevo Mundo. Era el fruto de la evolución desde un pasado muy remoto, siendo su precedente más inmediato la galea medieval, que en el siglo XV pasó a conocerse como galera. Inicialmente llevaba dos o tres remos por banco, con un hombre en cada remo, pero hacia 1530 empezó a difundirse el uso de un remo de galocha por banco, que manejaban 4 o 5 hombres, mas con el tiempo ese número alcanzó los 7. La mayoría de las galeras más grandes llevaban 30 o 32, y en algún caso 36, bancos por banda. La Marina Española las tuvo en servicio hasta 1748, aunque hubo un breve tiempo en que las volvió a poner en activo. En el Báltico desaparecieron a principios del siglo XIX.
Las dimensiones de una galera, concretamente de la antes citada Real de D. Juan de Austria (Fig. 1), que tomaremos como referencia en los párrafos que vienen a continuación, y cuya reconstitución se exhibe en el Museo Marítimo de Barcelona, son las siguientes8 y 9:
Eslora total                                                     = 60,- m
Eslora en cubierta                                          = 52,50 m Manga máxima                                              =   6,20 m Manga entre postizas                                     =   8,40 m Puntal                                                             =   2,08 m Remos                                                            = 11,40 m
Como podemos comprobar, el casco de la galera es muy largo, estrecho y de poco calado, cuya cubierta termina en un largo espolón de 6,28 m, que dista algo así como 1 m de la superfície del agua. Para facilitar la boga de los remeros, la galera lleva una estructura muy característica: a proa, a unos 10,5 m del extremo
del espolón, hay un robusto madero, llamado yugo, dispuesto vertical y transversalmente, de unos 85 cm de alto en el centro y 8,40 m de largo; otro idéntico se encuentra cerca de la popa y a unos 43 m de aquel. Entre los extremos de cada banda de los yugos, que se extienden más allá de los costados, hay otro recio madero, llamado postiza, de unos 20 cm de ancho y 25 cm de alto, que sigue el arrufo del casco y se sostiene mediante los oportunos curvatones, llamados bacalares, empernados en la propia cubierta. Las postizas llevaban los toletes para los estrobos de los remos, y de trecho en trecho las batayolas que sostienen los filares y filaretes donde se suspenden los escudos, como defensa durate el combate. Entre el yugo de proa y el espolón hay una pequeña cubierta, denominada tamboreta, desde donde se cargaban los cañones y realizaban las maniobras de fondeo o leva de los ferros, es decir, de los rezones. A continuación, a popa del yugo de proa hay un espacio de unos 2,70 m de largo, llamado corulla, donde va emplazada la artillería, y cuyas bandas ocupan los jardines –letrinas-. Ese espacio va cubierto por la llamada arrumbada, que forma una especie de castillo sobre el que se apostaban los soldados, prestos a saltar sobre la nave enemiga, una vez espoloneada, usando el propio espolón como pasadizo (Fig. 2).
Desde la corulla hasta la espalda, de la que hablaremos en el párrafo siguiente, la cubierta está ocupada por el talar, o cámara de boga, donde iban dispuestos los bancos de los remeros, 30 en el costado diestro y 29 en el siniestro, pues el espacio de ese que falta lo ocupaba el fogón o cocina. He dicho diestro y siniestro porqué los términos equivalentes de estribor y babor no se empleaban en las galeras. El talar estaba dividido longitudinalmente por un corredor central, llamado crujía, de 1,10 m de ancho y 0,85 m de alto sobre cubierta, aproximadamente, que constituía el pasadizo entre la proa y la popa (Fig. 3).
A popa, en prolongación de dicho pasadizo hay una cubierta, llamada espalda, que ocupa 2,75 m en las bandas y 1,90 m en la crujía del talar, y se extiende hasta el yugo de popa. Dicha cubierta se extiende hacia popa hasta el yugo y en cuyo espacio va la carroza, de unos 5,50 m de eslora, que es la parte noble de la galera. Esta carroza va delimitada por un mamparo a cada banda y un tercero transversal a popa. El techo está formado por un armazón de varas curvadas de madera, dispuestas de banda a banda, y unos nervios longitudinales, el del centro de los cuales, llamado flecha, era lo suficientemente ancho para servir de corredor, donde se apostaba el piloto o el capitán durante la navegación. Dicha flecha se prolongaba hacia
proa, hasta descansar en el estanterol, que es una especie de columna curvada que se apoya en el extremo anterior de la espalda. El techo de la carroza se cubría con un toldo, el tendal, ricamente decorado.
Por otro lado, a popa de la carroza había una superficie transversal, de algo así como 0,5 m de ancho, llamada timonera.
“…por la timonera…” (489)
Esa timonera era el lugar donde iba el timonel que llevaba el rumbo de la galera, cuya proa veía mirando por encima del mamparo popel de la citada carroza.
Para la propulsión, la galera llevaba, además de los remos (Figs. 4 y 5), dos árboles o palos ligeramente inclinados hacia proa, aunque las había también con uno sólo. El aparejo era de velas latinas, suspendidas de las pertinentes antenas. La carlinga del palo trinquete iba en la corulla, justo a popa del yugo de proa, de modo que era fácilmente abatible, en tanto que la del mayor estaba situada en la sobrequilla, a algo así como en un punto situado en el 45% o el 37% de la eslora, contado desde el extremo del espolón o de la roda, respectivamente. De las velas hablaremos más adelante.
La galera llevaba también dos escalas de acceso a bordo, situadas una a cada banda de la cara exterior del yugo de popa, con las que se accedía a la espalda. Curiosamente, la situada a la diestra era la noble y estaba reservada a las personas de más categoría.
Por otro lado, la galera que ejercía el mando de una escuadra se distinguía por llevar un farol coronando el extremo de popa de la carroza. La “Real”, por ser la del Capitán general de la flota, llevaba tres.
La galera aparece citada con este nombre en la obra de Mateo Alemán nada menos que setenta y dos veces, y como es lógico sólo vamos a mostrar una pequeñísima muestra.
“Él mismo escribe su vida desde las galeras, donde queda forzado al remo por delitos que cometió,…” (13)
“Viendo que las galeras navegaban por el mar Mediterráneo y se encostaban otras veces a la costa de Berbería buscando presas,…” (635)
Por otro lado, el casco de la galera estaba dividido interiormente por diversos departamentos, que, de popa a proa, eran:
1. Gabón o cámara del capitán. 2. Escandelar. 3. Escandelarete. 4. Despensa (Cámara del Mayordomo). 5. Pañol de agua y viandas. 6. Pañol de pan y legumbres (Cámara del escribano). 7. Cámara de la pólvora. 8. Pañol de vino o taberna. 9. Cámara de velas (Cámara del Cómitre). 10. Cámara de jarcias (Cámara del
Sotacómitre). 11. Cámara del barbero o cirujano. 12. Enfermería. 13. Pañol de proa o carbonera. 14. Santabárbara.10
Como es obvio, en la descripción expuesta en los parrafos precedentes, se han omitido muchos detalles y elementos estructurales por la simple razón de no aparecer en la obra de Mateo Alemán.
Con respecto a las galeras es interesante destacar unas citas de Antonio de Guevara, obispo de Mondoñedo, que rezan así:
“La vida de la galera, déla Dios a quien la quiera. 11
“…las galeras mas se inuentaron para robar, q(ue) no para  nauegar.  12
Buena parte de la nomenclatura de la galera mencionada en los párrafos precedentes la encontramos en las citas siguientes:
a) Árbol
Obviamente, equivale a palo, o mástil, de la galera.
“…una caja para colgar las flámulas de las entenas del árbol mayor y trinquete,…” (637)
“…cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol.” (618)
b) Arrumbada
“…sin ferros,… ni arrombadas (= arrumbadas).” (504)
c) Artillería
“…sin ferros, artillería,…” (504)
d) Cámara de popa
“… cuantos entraban en la cámara de popa eran personas conocidas.” (628)
e) Corulla
“Mandóme quitar y que me llevasen de allí a mi corulla y en ella me curasen” (634)
“… me dieron a cargo todo el trabajo de la corulla, …” (634)
f) Crujía
“Bajáronme de allí, no para que descansase, sino para volverme a crujía” (634)
g) Despensa
“…yo en la despensilla della, donde tenía guardadas algunas cosas de regalo y bastimento.” (628)
h) Entena
“…fue necesario salir a Cádiz mi galera por unos árboles y entenas,…” (622)
“…traíamos remolcando los árboles y entenas…” (622)
i) Escala
“Cuando venía de fuera, salíalo a recebir a la escala.” (629)
j) Escandelar
“…dormían con el capellán en el escandelar…” (628)
k) Escandelarete
“…el caballero en una banca del escandelarete de popa…” (628)
l) Estanterol
“El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla, determinado de morir en aquel puesto sin apartarse del, o de sacar en salvamento la galera.” (488)
m) Farol
“Dijo en general que sus tratos y costumbres fuesen como el farol en la capitana, tras quien todos caminasen y en quien llevasen la mira, sin empacharse en otros tratos ni granjerías de las que se encargaron con l voto que hicieron y obligación que firmaron en los libros de Dios, donde no puede haber mentiras ni borrones.” (136)
n) Ferro
En general es el equivalente a ancla, pero en galeras se trata de un rezón.
“Con esta historia y otros entretenimientos, venimos con bonanza hasta España, que no poco la tuve deseada, sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas
(= arrumbadas). Porque todo fue a la mar y quedé yo vivo: que fuera más justo perecer en ella.” (504)
o) Filar
“Pusieron los remos encima de los filares.” (487)
p) Fogón
“Y viendo lo que más convenía, me cupo el segundo banco, adelante del fogón, cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol.” (618)
q) Postiza
“…sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas.” (504)
r) Remo
“…sin ferros, artillería, remos, postizas ni arrombadas.” (504)
s) Rizos
“Hicieron a medio árbol tercerol,… –siendo ese tercerol la tercera faja de rizos–” (487)
t) Timón y timón de fortuna
“…saltó –faltó- el timón … (e) hicieron pasar los dos remos de las espaldas a las escalas, de donde íbamos gobernando con grandísimo trabajo.” (488)
u) Vela (borda o vela mayor, marabuto y treo)
“…la vela del trinquete…” (635)
“…viendo cargar el viento en demasía, …, fue menester amainar de golpe la borda, que llaman ellos la vela mayor, y, poniéndola en su lugar, sacaron otra más pequeña, que llaman el marabuto, vela latina…” (487)
“…subir el treo, que es otra vela redonda con que se corren las tormentas…” (488)
Tripulación de la galera
En honor a la verdad, la mayor parte de las personas de la obra relacionadas con la mar son galeotes, por lo que vamos a empezar por referirnos a ellos.
Galeote
Como sabemos, según la Real Academia Española, galeote es el forzado que remaba en las galeras. Esta definición implica que los remeros calificados de buenasboyas, y anteriormente bagarinos, por ser hombres libres que realizaban esa labor a cambio de un salario, no formaban parte de dicho grupo, aunque ninguno de ellos aparece en la obra que nos ocupa. A los galeotes se les llamaba también chusma, y aún chuzma, palabra sin duda heredada de la lingua franca, y cuya etimología la asocia a la voz genovesa antigua ciüsma y ésta a la  griega  ??????µ?, que  era  el  canto  con  el  que se  acompasaba el  ritmo de  la  boga. En  el  texto la encontramos dos veces:
“… el capitán como señor y cabeza, nunca suele por su autoridad empacharse con la chusma.” (619)
“… no servía de otra cosa toda la guzma que de dar a la banda cuando nos lo mandaban…” (618)
Aunque en esa segunda ocasión es con una ortografía algo peculiar. Ese dar a la banda es, en esencia, la maniobra de escorar o tumbar la nave a flote, para que descubra la obra viva de un costado y así poder repararla o limpiarla. Un conocido autor aporta una acepción más prosaica o vulgar:
“Evacuar el vientre por fuera de la borda”, añadiendo que se dice también “saltar a la banda 13
En realidad había galeotes de dos clases: penados y esclavos.
Sobre los penados ya hemos tratado anteriormente, aunque como recordatorio podemos decir que había los condenados por un cierto número de años, en función del delito cometido y la sentencia aplicada; y los que debían permanecer al remo el resto de su vida.
Esclavos también los hay a bordo y así aparecen en la obra, pero no consta que estuvieran dedicados al remo. En el mundo real de la época en galeras cristianas los esclavos eran turcos y, como contrapartida, en las turcas los esclavos eran cristianos, mayormente obtenidos al apresar una nave enemiga. En la obra de Mateo Alemán se cita varias veces a moros de a bordo, pero no aclara si realmente eran remeros. En la segunda cita que viene a continuación, el moro da la impresión de que fuera un mozo, es decir, un criado al servicio de alguien de a bordo.
“Viendo que las galeras navegaban por el mar Mediterráneo y se encostaban otras veces a la costa de Berbería buscando presas, imaginó de tratar, con algunos
moros y forzados de su bando, de alzarse con la galera.” (635)
“Al moro que me trujo la embajada, no le pareció mal mi consejo y dijo que llevaría mi respuesta a Soto y me volvería otra vez a hablar.” (636)
En la obra los esclavos moros los encontramos también como dedicados al traslado de presos:
“Para … pasar de la cárcel a las galeras … nos entregaron a los esclavos moros, que con sus lanzones vinieron a llevarnos y, atándonos las manos con los guardines que para ello traían, fuimos con ellos…” (617)
Entrega de galeotes a bordo y distribución entre los bancos
A la llegada de los penados a la galera, traídos por esclavos moros, se procedía a su distribución:
“Entramos en galera, donde nos mandaron recoger a la popa, en cuanto el capitán y cómitre viniesen, para repartirnos a cada uno en su banco, y, cuando llegaron, anduviéronse paseando por crujía,…” (617)
Es curioso que durante ese recorrido por crujía, los galeotes de todos los bancos pedían la asignación de los recién llegados haciendo uso de parecidos argumentos:
“…y los esforzados de una y otra banda comenzaron a darles voces, pidiendo que se les echasen a ellos. Unos decían que tenían allí un pobreto inútil, otros que cuantos había en aquel banco todos eran gente flaca.” (617)
Asignación de bancos
A Guzmán se le asigna en una ocasión el segundo banco, cuya situación queda bien definida en la cita que viene a continuación:
“…me cupo el segundo banco, adelante del fogón, cerca del rancho del cómitre, al pie del árbol. Y a Soto lo pusieron en el banco del patrón.” (618)
En la cita precedente hay una alusión al banco del patrón; lamentablemente, su posición es desconocida para quien esto explica.
Un poco más adelante, a nuestro protagonista se le cambia al banco que califica de postrero, y como él indica no era el más agradable. Sin embargo, hay un detalle a comentar: el calificativo de postrero, puesto que de entrada parece referirse al banco situado más a popa, pero al indicar que era el de más trabajo, cuyas obligaciones eran las que aparecen en el apartado Faenas marineras, que veremos seguidamente, es indudable que ese banco es el de proa, o sea el proel, y, por lo tanto, según la interpretación de quien esto suscribe, la cuenta de los bancos empezaría por los de popa –uno a cada banda– que serían los primeros.
“…con protesto que por cualquiera cosa que faltase a ello, sería muy bien castigado. Había de bogar en las ocasiones, como todos los más forzados. Mi banco era el postrero y el de más trabajo, a las inclemencias del tiempo, el verano por el calor y el invierno por el frío, por tener siempre la galera el pico al viento.” (635)
Faenas marineras
Los galeotes participaban tambien en las tareas propiamente marineras. Los proeles eran los afectos a los trabajos que se realizaban en el entorno de la corulla, como son los que podemos ver en la cita siguiente y cuya interpretación veremos a continuación de ella.
“Estaban a mi cargo los ferros, las gumenas, el dar fondo y zarpar en siendo necesario. Cuando íbamos a la vela, tenía cuidado con la orza de avante y con la orza novela. Hilaba los guardines todos, las ságulas que se gastaban en galera. Tenía cuenta con las bozas, torcer juncos, mandarlos traer a los proeles y enjugarlos para enjuncar la vela del trinquete. Entullaba los cabos quebrados, hacía cabos de rata y nuevos a las gumenas. Había de ayudar a los artilleros a bornear las piezas. Tenía cuenta de taparles los fogones, que no se llegase a ellos, y de guardar las cuñas, cucharas, lanadas y atacadores de la artillería. Y cuando faltaba oficial de cómitre o sotacómitre, me quedaba el cargo de mandar acorullar la galera y adrizalla, haciendo a los proeles que trujesen esteras y juncos para hacer fregajos y fretarla, teniéndola siempre limpia de toda immundicia; hacer estoperoles de las filastras viejas, para los que iban a dar a la banda. Que aquesta es la ínfima miseria y mayor bajeza de todas. Pues habiendo de servir con ellos para tan sucio ministerio, los había de besar antes que dárselos en las manos.” (635)
Analicemos la nomenclatura que aparece en el párrafo precedente.
a) Boza. Es el chicote de cabo fijo por un extremo al buque, que sirve para trincar un cabo, gúmena o cadena y evitar que se escurra.
b) Cuñas, cucharas, lanadas y atacadores de la artillería. Las cuñas son las que se calificaban como de puntería, pues servían para variar la inclinación de la pieza con dicho propósito. Las cucharas eran una especie de palas con las que se cargaban de pólvora aquellos cañones. Las lanadas eran una clase de bruses formados por un palo con una piel de cordero en el extremo con los que se limpiaba el alma de los mismos una vez efectuado el disparo, para evitar que quedara alguna chispa encendida en el interior y pudiera herir al artillero cuando los cargara de nuevo y los atacadores, que eran unos cilindros de madera o metálicos en el extremo de un palo, usados para apretar la carga de pólvora del cañón.
c) Ferros. Los ferros, como ya dijimos en otro lugar, son los rezones, mientras que las gúmenas eran los cables o cabos amarrados a ellos, siendo el dar fondo y zarpar las maniobras de fondeo de los rezones (ferros), y de levarlos (zarpar) con las citadas las gúmenas.
d) Guardines. Cabos de labor del aparejo con el que se maniobraba la caña del timón hacia una u otra banda.
e) Orza avante y orza novela. Son los aparejos que sujetan hacia popa y a uno y otro costado el car de la entena de la vela latina. Se conocen también aquella como davante y orza de avante, y esta como orza novella.
f) Ságulas. Aunque el término equivale a sayos, es decir, prendas de vestir parecido a un camisón de dormir, cerrado y sin botones, en el modesto saber y parecer del autor, teniendo en cuenta el contexto donde aparece, es preferible adoptar el significado de la palabra catalana sàgola, que se pronuncia sàgula, con la que se designa un cabo delgado como el empleado para izar banderas, es decir, una driza.
Sigamos ahora con las tareas de los proeles.
a) Acorullar y adrizar la galera. Acorullar, y su equivalente aconillar, era la maniobra de meter los remos a bordo, sin desarmarlos, de modo que quedaran atravesados y perpendicularmente a la eslora, sin que las palas sobresalieran de los costados. Así se hacía en los abordajes y en las maniobras de tumbar o dar a la banda. Y adrizar, al igual que ahora, es poner derecho el buque que está escorado.
b) Actuar como cómitre. Cuando este o su sustituto no estuviera a bordo.
c) Bornear las piezas. Maniobra de mover, desplazar, etc., las piezas de artillería de a bordo.
d) Entullar cabos quebrados. De la lingua franca entollar, es decir, ayustar, empalmar dos chicotes de cabo.
e) Estoperoles. Son las mechas de estopa, hechas con pedazos de cabo viejos, empleadas para calafatear las costuras del forro cuando se daba a la banda, es decir, se escoraba la galera hasta descubrir la quilla y así poder limpiar los fondos y reparar la obra viva.
f) Fretar. Es frotar, restregar la cubierta u otra parte del casco con fregajos, es decir, estropajos, para limpiarla.
g) Hacer cabos de rata, y nuevos a las gúmenas.  Aquellos son los que conocemos como rabos de rata, es decir, el tejido que en disminución o forma cónica que se hace con los cordones de un cabo para evitar que el chicote o extremo se descolche. Por su parte lo de nuevos en las gúmenas es bastante ambiguo, aunque uno puede suponer que es la rabiza o trenza que se hacía en el chicote de una gúmena con el mismo objeto antes indicado.
h) Tapar los fogones. Cubrir el agujero u oído de los cañones donde se aplicaba el fuego para dispararlos.
i) Torcer juncos,… enjugarlos y enjuncar la vela… Como sabemos el junco es una planta de tallos cilíndricos y casi 1 m de largo que crece en lugares húmedos. Del texto se deduce que debidamente colchados y eliminada la humedad que llevan se usaban para tomar rizos a las velas. En otras palabras, se trata de lo que posteriormente se hacía con los matafiones.
En resumen, las faenas a cargo del desdichado Guzmán, según acabamos de ver, ciertamente no eran pocas.
Galeote empleado como mozo
El galeote de buen aspecto y modales refinados, así como aquel que hubiera sido autor de alguna buena acción extraordinaria, se le liberaba del remo para emplearlo como mozo o criado al servicio de un alto cargo de la tripulación o de un pasajero.
“Y para escusar adelante otro semejante suceso, le dijo el capitán a su pariente que lo más acertado sería, para el tiempo que su merced allí estuviese, dar cargo de sus vestidos y joyas a un forzado de satisfación, que con cuidado lo tuviese limpio y bien acomodado, porque a ninguno se le daría por cuenta que se atreviese a hacer falta en un cabello. Al caballero le pareció muy bien, y andando buscando quién de todos los de la galera sería suficiente para ello, no hallaron otro que a mí, por la satisfación de mi entendimiento, buen servicio y estar bien tratado y limpio. Cuando le dijeron mis partes y supo ser entretenedor y gracioso, no vía ya la hora de que me pasasen a popa. Llamaron al cómitre y, habiéndome pedido, no pudo no darme, aunque lo sintió mucho por lo bien que comigo se hallaba. Echáronme un largo ramal, y cuando el caballero me tuvo en su presencia, holgóse de verme, porque correspondían mucho mi talle, rostro y obras. Enfadóse de verme asido, como si fuera mona. Pidióle al capitán me pusiesen una sola manilla y así se hizo” (628)
Y sus funciones como criado las vemos a continuación:
“…ágil para poderle mejor servir, así comiendo a la mesa como dentro del aposento y más partes que se ofrecía de la galera. Entregáronme por inventario su ropa y joyas, de que siempre di muy buena cuenta; y de quien él y yo teníamos menos confianza y más recelaba era de sus criados. Porque, como ya me hubiese hecho cargo de la recámara, con facilidad tendrían escusa en lo que pudiesen hurtarme a su salvo. Ellos dormían con el capellán en el escandelar y el caballero en una banca del escandelarete de popa y yo en la despensilla della, donde tenía guardadas algunas cosas de regalo y bastimento. Yo me hallaba muy bien; bien que trabajaba mucho. Mas érame de mucho gusto tener a la mano algunas cosas con que poder hacer amistades a forzados amigos. Y aunque quisiera hacérselas también a Soto, mi camarada, nunca dio lugar por donde yo pudiera entrarle. Deseábale todo bien y hacíame cuanto mal podía, desacreditándome, diciendo cosas y embelecos del tiempo que fuemos presos y él supo míos en la prisión. De manera que, aunque ya yo, cuanto para comigo, sabía que estaba muy reformado, para los que le oían, cada uno tomaba las cosas como quería y, cuando hiciera milagros, había de ser en virtud de Bercebut. Él era mi cuchillo, sin dejar pasar ocasión en que no lo mostrase; mas no por eso me oyeron decir dél palabra fea ni darme por sentido de cuanto de mí dijese. De todo se me daba un clavo; mi cuidado era sólo atender al servicio de mi amo, por serle agradable, pareciéndome que podría ser —por él o por otro, con mi buen servicio— alcanzar algún tiempo libertad. Más…” (628)
Esclavo
 “…y satisfaciones de no haberme visitado luego que salió de la cárcel, dando culpa dello a su corto atrevimiento y larga ofensa; empero que para en cuenta y parte de pago de su deuda quería como un esclavo servirme toda su vida.” (385)
“Cuando me vi galeote rematado, rematé con todo al descubierto. Jugaba mi juego sin miedo ni vergüenza, como esclavo del rey,…” (610)
Hay también una muestra de como evitar la esclavitud:
“La nave fue saqueada y él, con los más que en ella venían, cautivo y llevado en Argel, donde… desesperado…, renegó. Allá se casó con una mora hermosa y principal, con buena hacienda.” (23)
Comida
En tierra, las referencias a menús y “comilonas” no son raras:
“… la ventera tenía en un plato una tortilla de seis huevos, los tres malos y los otros no tanto,…” (55)
“… de lo poco que cené (q)uedé empachado, sin poderlo digerir en toda la noche.” (69)
“La cena fue ligera. Bien se creerá sin juramento que no me levanté a la mañana empachado el vientre.” (125)
“¡Oh, epicúreo, desbaratado, pródigo, que locamente dices comer tantos millares de ducados de renta! Di que los tienes y no que los comes. Y si los comes, ¿de qué te quejas, pues no eres más hombre que yo, a quien podridas lantejas, cocosas habas, duro garbanzo y arratonado bizcocho tienen gordo? ¿No me irás o darás la razón que lo cause?” (121)
“…mi amo trajese a casa otros amigos cofrades de Baco, pilotos de Guadalcanal y Coca, y quisiese darles una merienda, todos tocaban bien la tecla, pero mi amo señaladamente era estremado músico de un jarro. Sacáles, entre algunas fiambreras que siempre tenía proveídas, unas hebritas de tocino como sangre de un cordero.” (148)
“… como los banquetes de Heliogábalo, que se hacía servir de muchos y varios manjares; empero todos de un solo pasto, ya fuesen pavos, pollos, faisanes, jabalí, peces, leche, yerbas o conservas. Una sola vianda era; empero, como el manna, diferenciada en gustos. Aunque los del manna eran los que cada uno quería y esotros los que les daba el cocinero, conforme a la torpe gula de su amo.” (309)
“La ensalada de la noche muy menuda y bien mezclada con harta verdura, porque no se perdía hoja de rábano ni de cebolla que no se aprovechase; poco aceite y el vinagre aguado; lechugas partidas o zanahorias picadas con su buen orégano. Solían entremeter algunas veces y siempre por el verano un guisadito de carnero; compraban de los huesos que sobraban a los pasteleros: costaban poco y abultaban mucho. Ya que no teníamos qué roer, no faltaba en qué chupar. Al sabor del caldo nos comíamos el pan. Unas aceitunicas acebuchales, porque se comiesen pocas. Un vino de la Pasión, de dos orejas, que nos dejaba el gusto peor que de cerveza.” (560)
Hay también una relación de productos de consumo:
No había mozo tan desventurado, que no ahorrase los menudillos de las gallinas o de los capones, el jamón de tocino, el contrapeso del carnero, las postas de ternera, salsas, especias, nieve, vino, azúcar, aceite, miel, velas, carbón y leña, sin perdonar las alcomenías ni otra cosa, desde lo más necesario hasta lo de menos importancia que en una casa de un señor se gasta. No había mozo tan desventurado, que no ahorrase los menudillos de las gallinas o de los capones, el jamón de tocino, el contrapeso del carnero, las postas de ternera, salsas, especias, nieve, vino, azúcar, aceite, miel, velas, carbón y leña, sin perdonar las alcomenías ni otra cosa, desde lo más necesario hasta lo de menos importancia que en una casa de un señor se gasta.” (150)
En cambio, a bordo las alusiones a la comida son ínfimas:
“Diéronme mi ración de veinte y seis onzas de bizcocho. Acertó a ser aquel día de caldero y, como era nuevo y estaba desproveído de gábeta, recebí la mazamorra en una de un compañero. No quise remojar el bizcocho, comílo seco, a uso de principiante, hasta que con el tiempo me fue haciendo a las armas.” (618)
Negocios
A bordo, los galeotes dedicaban los ratos de ocio en hacer objetos con los que comerciaban y, cuando bajaban a tierra, aprovechaban la ocasión para comprar productos que pudieran vender a sus compañeros de infortunio.
“Con esto y cobrando mis derechos de los nuevos presos, pasaba gentil vida y aun vida gentil; que tal es la de los tales como yo cuando se hallan allí en aquel estudio. Cobraba el aceite, prestaba sobre prendas, un cuarto de un real por cada día. Estafaba a los que entraban. Dábales culebras, libramientos y pesadillas.” (613)
“Enseñéme a hacer medias de punto, dados finos y falsos, cargándolos de mayor o menor, haciéndoles dos ases, uno enfrente de otro, o dos seises, para fulleros que los buscaban desta manera. También aprendí hacer botones de seda, de cerdas de caballo, palillos de dientes muy graciosos y pulidos, con varias invenciones y colores, matizados de oro, cosa que sólo yo di en ello.” (622)
“…salí a tierra con un soldado de guarda y empleé mi dinerillo todo en cosas de vivanderos, de que luego en saliendo de allí había de doblarlo, y sucedióme bien.” (624)
“Si para socorrer alguna necesidad vendía la ración, me azotaban, tratándome siempre tan mal, que verdaderamente deseaban acabar comigo.” (634)
Vestimenta y apariencia
A su llegada a bordo, los galeotes recibían las prendas de uniforme que debían vestir, y además se les rapaba la cabeza y la barba, según vemos a continuación:
“Diéronme la ropa del rey: dos camisas, dos pares de calzones de lienzo, almilla colorada, capote de jerga y bonete colorado. Vino el barberote. Rapáronme la cabeza y barba, que sentí mucho, por lo mucho en que lo estimaba; mas acordéme que así corría todo y que mayores caídas habían otros dado de más alto lugar.” (618)
Sin embargo, la uniformidad en el vestuario debió ser bastante aleatoria, según vemos en la cita siguiente:
“Hice, con licencia de mi amo, de aquella ganancia un vestidillo a uso de forzado viejo, calzón y almilla de lienzo negro ribeteado, que por ser verano era más fresco y a propósito.” (624)
De todos modos, no es muy comprensible que nuestro personaje se comprara unas prendas de color negro para ir fresco en verano.
En relación con el rapado de la cabeza y la barba es preciso añadir que a los galeotes musulmanes se respetaban sus creencias, dejándoles un mechón de pelo para que, en caso de muerte, Alá pudiera asirlos por
él y llevarlos al Paraiso.
Boga
Lamentablemente, en toda la obra sólo hay una alusión al ritmo de boga, y en este caso se trata de un modo descansado y sin prisas, de manera que no se hizo uso de ningún medio de castigo para forzarlo.
“Estando mi peso en este fiel, fue necesario salir a Cádiz mi galera por unos árboles y entenas, brea, sebo y otras cosas. Que fue aqueste viaje la primera cosa en que trabajé. Que, como era tan privado del cómitre, no me obligaban a más de lo que yo quería, y, como aquesta faena no fuese a mi parecer trabajosa, por no ir en alcance o de huida donde importan el trabajo y fuerzas, y por entre puertos de ordinario se boga descansadamente y sin azotes, como por entretenimiento, fui aguantando el remo, sólo por comenzar a saber lo que aquello era en alguna manera. Mas no fue tan poco ni fácil, que a causa de que traíamos remolcando los
árboles y entenas, cuando llegamos a dar fondo, no viniese muy bien cansado y sudado, por no querer apartarme de allí ni dar ocasión a murmuración, dejando de la mano lo que una vez quise de mi gusto poner en ella. Fue aquesto causa que con facilidad aquella noche, después de acostado mi amo, me durmiese, dejándome caer como una piedra. Y dilo bien a entender a mis camaradas, pues lo que antes no me habían…” (622)
Cadenas
Los galeotes iban siempre encadenados, mediante una trozo o ramal de cadena sujeta con un grillete al collar puesto en el cuello, a una anilla que llevaba alrededor del pie, o a la manilla que rodeaba una o cada mano.
“El mozo del alguacil se llegó luego a echarme una calceta y manilla, con que me asió a un ramal de los más mis camaradas.” (618)
“Para … pasar de la cárcel a las galeras, …  a seis de nosotros nos cupo ir juntos a una…. Luego nos entregaron a los esclavos moros, que con sus lanzones vinieron a llevarnos y, atándonos las manos con los guardines que … traían, fuimos con ellos. Entramos en galera,…” (617-8)
“…mucho  por lo  bien  que  comigo se  hallaba.  Echáronme un  largo  ramal,  y  cuando  el  caballero  me  tuvo  en  su  presencia,  holgóse  de  verme,  porque correspondían mucho mi talle, rostro y obras. Enfadóse de verme asido, como si fuera mona. Pidióle al capitán me pusiesen una sola manilla y así se hizo.” (628)
Navegación de la galera
De hecho, la navegación de la galera no era placentera para nadie; para los galeotes es obvio, pero tampoco para los mandos y personalidades que estuvieran a bordo. Téngase en cuenta que se trataba de una unidad con una densidad de personas muy elevada, de las cuales una buena parte estaba encadenada a los bancos de boga, donde sudaban, comían y descomían, de modo que el hedor era insoportable. Se dice que de noche se podía oler la existencia de una galera nada menos que a tres millas de distancia. Ese hedor obligaba a las personalidades de a bordo llevar un criado que se dedicara constantemente a esparcir algún perfume en el aire y así hacer que el ambiente fuera más agradable. Este hecho dio lugar a la proliferación de fabricantes de perfumes y esencias, principalmente en la localidad francesa de Grasse, situada a unos 10 km al NNW de Cannes, que aún hoy sigue siendo el polo y la capital mundial de referencia esos productos.
Por otro lado, la navegación de una galera era problemática en todo momento, incluso con buen tiempo, según vemos en la cita siguiente:
“Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo, aun en bonanza, por varios acaecimientos que suceden, con ser en su arte diestro; y tú, que nunca viste la mar ni conoces del arte del marcar, quieres gobernarla y engolfarte donde no sabes.” (134)
Y como la navegación era normalmente bojeando la costa el uso del escandallo para saber la profundidad del agua era frecuente:
“…viniendo el mozo del alguacil con el escandallo,…” (623)
En cambio, del compás, es decir, de la brújula, solo la trata una vez:
“A cuán derecha regla, recorrido nivel y medido compás ha de ajustarse aquel desventurado pretendiente que por el mundo ha de navegar,…” (231)
Sin embargo, se usa un par de veces una forma derivada de ella, pero que no tiene nada que ver con la navegación:
“¡Cuántas veces tomé la carta postrera y, poniéndola debajo, veía si era buena o no, y muy de espacio brujuleaba la otra va vista y hacía partidos, que era robar en poblado!” (264)
“Los que brujulean los naipes con mucho espacio,…” (508)
Mal tiempo
La navegación con mal tiempo ofrecía muchas dificultades que era preciso superar para la seguridad de la galera y su tripulación. Para ello, era preciso tomar la decisión más adecuada, que se adoptaba tras la reunión de los expertos de a bordo:
“…los consejeros y pilotos, hicieron junta en la popa, con ánimo de prevenirse de remedio contra tan espantosas amenazas.” (487)
Una de las primeras medidas fue la de estibar los remos en los filares, siendo estos unas tablas que, juntamente con los filaretes –que son más delgados y situados más arriba –, forman sendas hiladas en las batayolas dispuestas a lo largo de la postiza y servían para suspender los elementos que protegían a los remeros de los proyectiles del enemigo, entre otros usos.
“Pusieron los remos encima de los filares” (487)
Luego se puso a los pasajeros y soldados debajo de la cubierta y se calafatearon las escotillas de proa:
“A los pasajeros y soldados los hicieron bajar a las cámaras, muy contra toda su voluntad. Comenzaron a calafatear las escotillas de proa, no faltando en todo la diligencia … para salvar las vidas que tan a peligro estaban.” (487)
También se pusieron fanales de mal tiempo y un experto al timón:
“… mandaron poner fanales de borrasca. La mar andaba entonces por el cielo, abriéndose a partes hasta descubrir del suelo las arenas. Fue necesario poner en el timón de asistencia un aventajado.” (488)
El cómitre, por su parte, atado al estanterol, hizo cuanto pudo para salvar la galera:
“El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla, determinado de morir en aquel puesto sin apartarse del, o de sacar en salvamento la galera.” (488)
El resultado del mal tiempo fue el destrozo del aparejo:
“…no dejándonos el viento pedazo de la vela sano, y tanto, que fue necesario subir el treo, que es otra vela redonda con que se corren las tormentas…” (488)
Abordaje de otra galera
Por si los daños del temporal fueran pocos, la galera sufrió el abordaje de otra galera, sufriendo graves daños en la popa e incluyendo la pérdida del timón, lo que obligó a armar don remos como espadillas:
“… quiso nuestra desgracia que viniese sobre nosotros una galera mal gobernada y, embistiéndonos por la popa, nos echó gran parte a la mar, y … saltó el
timón …. Mas … hicieron pasar los dos remos de las espaldas a las escalas, de donde nos íbamos gobernando con grandísimo trabajo.” (488)
Hombre al agua
Hubo quien no pudo resistir el malestar que sentía a bordo y optó por arrojarse al agua:
“…levantándose Sayavedra … se arrojó a la mar por la timonera, sin poderlo más cobrar. … el marinero de guardia sintió el golpe, dijo a voces: "¡Hombre a la mar!" (489)
Votos
Como siempre, en caso de peligro en la mar, por el mal tiempo u otra causa, es normal que cualquier afectado piense:
“¡Perdido soy! Deste bordo se aniega mi barquilla, que no hay piloto que la salve ni maestre que la gobierne." (355)
En tal caso, lo natural es buscar la salvación rezando y haciendo un voto a la Virgen o al santo de su devoción:
“¡Cuántos votos hacían! ¡A qué varias advocaciones llamaban! Cada uno a la mayor devoción de su tierra. Y no faltó quien otra cosa no le cayó de la boca, sino su madre. Qué de abusos y disparates cometieron, confesándose los unos con los otros, como si fueran sus curas o tuvieran autoridad con que absolverlos. Otros decían a voces a Dios en lo que le habían ofendido y, pareciéndoles que sería sordo, levantaban el grito hasta el cielo, creyendo con la fuerza del aliento levantar allá las almas en aquel instante, pareciéndoles el último de su vida.” (488)
“…con l voto que hicieron y obligación que firmaron en los libros de Dios, donde no puede haber mentiras ni borrones.” (136)
Castigos a bordo
Mateo Alemán nos proporciona una explicación de daños tan evidente, que conviene no silenciar:
“… las cuchilladas presto sanan; pero dadas en las bolsas, tarde se curan y para siempre duelen.” (478)
Normalmente, los castigos a bordo eran por hurtos u otros delitos menores, castigándose con una ración de palos o azotes en la espalda. Para ello se arrizaba al reo convenientemente, es decir, se le ataba bien, pues ese es uno de los significados marineros de aquella voz, según reconoce la Real Academia Española, aunque entre la gente de mar se la asocia comúnmente con la acepción de maniobra de tomar rizos.
A veces, los castigos se aplicaban por hechos que ahora pueden parecernos nimios.
“Si para socorrer alguna necesidad vendía la ración, me azotaban, tratándome siempre tan mal, que verdaderamente deseaban acabar comigo.” (635)
Los castigos más usuales a bordo eran los palos, es decir, los azotes dados con el arco de pipa o la anguila de cabo. Aquel es el aro o cerco de madera, generalmente de castaño, que rodea las pipas y barriles, para mantener firmes y sujetas las duelas o tablas que los forman. La anguila de cabo, por su parte, era el rebenque o látigo de cuero o de cáñamo, con las fibras debidamente colchadas y embreadas.
“… le sirven a … el cómitre por temor del arco de pipa o anguila de cabo, que nunca se les cae de la mano.” (620)
“…fue tanto el coraje que cobró el cómitre con el mozo del alguacil, porque no se los daba con las ganas que él quisiera, que le mandó dar luego a él otros tantos, demás de otros muchos que le dio de su mano con un arco de pipa.” (623)
 “…volvió luego a mandar arrizar otra vez al delincuente, a quien bastaran los azotes ya pasados. Mas cuando se vio arrizar otra vez, creyó del cómitre que lo había de matar a palos hasta que confesase la verdad…” (623)
“El capitán mandó al mozo del alguacil que me diese cincuenta palos, de los cuales me libró mi amo, rogando por mí que se me perdonase, por ser la primera; y me advirtió que, si en otra me cogían, lo pagaría todo junto.” (632)
“…le dieron a cada uno cincuenta palos de hurtamano, que les hicieron levantar los verdugos en alto, dejando los cueros pegados en él.” (623)
En la cita precedente aparece el calificativo hurtamano, cuyo significado es con crueldad, sin compasión u otras formas equivalentes.
En cualquier caso el castigo era muy doloroso, y el reo terminaba con la espalda despellejada y llena de sangre. Pero la cosa no terminaba ahí, pues seguidamente se le curaba a base de friegas con sal y vinagre, lo cual debía ser más doloroso aún.
“…después de bien azotados, los lavaban con sal y vinagre fuerte, fregándoles las heridas, dejándolos tan torcidos y quebrantados, como si no fueran hombres.”
(623)
“Fregáronme todo el cuerpo con sal y vinagre fuerte, que fue otro segundo mayor dolor” (633-4)
En alguna ocasión hubo la pretensión de ampliar el castigo con azotes en la barriga:
“El capitán quisiera que me dieran otro tanto en la barriga…” (634)
En cambio, cuando se trataba de delitos mayores, como es el caso de un alzamiento o rebelión con el propósito de apoderarse de la galera, el castigo era evidentemente muy grande.
“Condenaron a Soto y a un compañero, que fueron las cabezas del alzamiento, a que fuesen despedazados de cuatro galeras. Ahorcaron cinco; y a muchos otros que hallaron con culpa dejaron rematados al remo por toda la vida, siendo primero azotados públicamente a la redonda de la armada. Cortaron las narices y orejas a muchos moros, por que fuesen conocidos, y, exagerando el capitán mi bondad, inocencia y fidelidad, pidiéndome perdón del mal tratamiento pasado, me mandó desherrar y que como libre anduviese por la galera, en cuanto venía cédula de Su Majestad, en que absolutamente lo mandase, porque así se lo suplicaban y lo enviaron consultado.” (637)
Hay también el castigo rayano en la tortura para lograr la confesión de un delito.
“Subiéronme arriba, donde me tuvieron grande rato atado por las muñecas de los brazos y colgado en el aire. Fue un terrible tormento, donde creí espirar. Porque se me afligió el corazón de manera que apenas lo sentía en el cuerpo y me faltaba el aliento. Bajáronme de allí, no para que descansase, sino para volverme a crujía. Arrizáronme (o sea le ataron) a su propósito de barriga y así me azotaron con tal crueldad, como si fuera por algún gravísimo delito. Mandáronme dar azotes de muerte; mas temiéndose ya el capitán que me quedaba poco para perder la vida y que me había de pagar al rey, si allí peligrase, tuvo a partido que se perdiese antes el trencellín que perderlo y pagarme.” (634)
En este caso se evitó el causar la muerte del castigado, pues de producirse era obligado pagar la pérdida al rey. El importe a pagar no consta en la obra, pero podemos suponerlo si tenemos en cuenta la cita siguiente: “…a el capitán, de allí a poco que vino, le puse cincuenta escudos en el puño, que fue comprar con ellos un esclavo…” (484)
Personal de la galera
Capitán
Era el que ostentaba el mando militar de la galera. Como desconocía el arte de navegar, de este cometido se encargaba el piloto.
“Como ganase un día poco más de cien escudos y hubiese halládose a mi lado un capitán de galera, de quien sentí haberse aficionado a mi juego…” (463)
“…vásele su mujer a Italia con un capitán de galera, dejándolo solo y pobre. Vuelve a hurtar como solía.” (589)
Maestre
El maestre era el segundo del capitán de la galera. Entre otras funciones tenía la de llevar las cuentas del buque. A veces, en alguna época se dio ese nombre al capitán o al propietario del buque.
“Deste bordo se aniega mi barquilla, que no hay piloto que la salve ni maestre que la gobierne.” (355)
“…un pasajero, el cual, yendo navegando y sucediéndole una gran tormenta, mandó el maestre del navío que alijasen presto de las cosas de más peso para salvarse, y, tomando a su mujer en brazos, dio con ella en la mar. Queriéndolo después castigar por ello, escusábase diciendo que así se lo mandó el maestre y que no llevaba en toda su mercadería cosa que tanto pesase, y por eso lo hizo.” (550)
Piloto
El experto en el arte de navegar y, por lo tanto, el que dirigía todo lo correspondiente a la navegación de la galera.
“Teme el piloto el gobierno de la nave, no sólo en la tormenta, sino en todo tiempo, aun en bonanza, por varios acaecimientos que suceden, con ser en su arte diestro; y tú, que nunca viste la mar ni conoces del arte del marcar, quieres gobernarla y engolfarte donde no sabes.” (134)
“…encima dellos aquella negregura tenebrosa; lo cual visto por los consejeros y pilotos, hicieron junta en la popa, con ánimo de prevenirse de remedio contra tan espantosas amenazas.” (487)
Cómitre
Era el que ejercía el mando de los remeros, así como de castigarlos, y el encargado de fijar y mantener el ritmo de la boga.
“…discurra qué pasatiempo se podrá tomar con el que siempre lo pasa —preso y aherrojado— con un renegador o renegado cómitre.” (310)
“Entramos en galera, donde nos mandaron recoger a la popa, en cuanto el capitán y cómitre viniesen, para repartirnos a cada uno en su banco,…” (618)
“El cómitre se hizo atar a el estanterol en una silla,…” (488)
“…no hallé cosa que tan a cuento me viniese como el cómitre, por más mi dueño…” (619)
“…si le sirven a él por amor, a el cómitre por temor del arco de pipa o anguila de cabo, que nunca se les cae de la mano.” (620)
“…como era tan privado del cómitre, no me obligaban a más de lo que yo quería,…” (622)
“Cuando el cómitre se levantó de dormir y le di el vestido, hícele larga relación de mi desgracia,…” (623)
“Creyeron que todo había sido y nacido de deseo que tenía de volver a servir a mi amo el cómitre y, cuanto más lo suplicaba, más instaban en que por el mismo caso, aunque me pesase, había de asistir allí toda mi vida.” (632)
“…mandaron al cómitre que ninguna me perdonase; antes que tuviese mucho cuidado en castigarme siempre los pecados veniales como si fuesen mortales.”
(634)
Escribano
Aunque no consta en la obra como miembro de la tripulación, sí podemos decir que era el que hoy en día se denomina amanuense en la Marina, o sea el encargado de hacer cualquier escrito.
“…estuvo preso por lo que tú dices o a ti te dijeron; que por ser hombre rico y —como dicen— el padre alcalde y compadre el escribano, se libró;…” (24)
“El dinero faltó para la buena defensa. No tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez enojado y echóse a dormir el procurador. Pues el solicitador,
¡pajas! Ya no había sustancia en el gajo. Fuéronse las avispas. Dejáronme solo. Confirmaron la sentencia, con que los azotes fuesen vergüenza pública y las galeras por seis años.” (610)
Alguacil
En la obra no consta su existencia a bordo, aunque en tierra aparece unas 25 veces. De hecho es el que ejerce el oficio de utilidad pública de impartir justicia, con atribuciones de detener a los delincuentes y de llevar la vara propia del cargo que ostenta.
Capellán
Era el sacerdote de a bordo. En el pasado hubo tiempos en que no se celebraba a bordo misa durante la navegación, pero de hacerse era la llamada misa seca, es decir, sin consagración del vino, cuando por efecto de los balances se corría el riesgo de que pudiera verterse.
“Ellos dormían con el capellán en el escandelar…” (628)
Mozo
En general, es sinónimo de persona joven, y en la obra que nos ocupa ejerce de ayudante o subordinado de alguna autoridad, en este caso del alguacil, o que trabaja como criado al servicio de alguien de mayor rango o categoría social.
“El mozo del alguacil se llegó luego a echarme una calceta y manilla,…” (618)
Criado
“Cayóle al cómitre tan en gracia lo bien que le truje acomodado el cuento, que me hizo mudar luego de banco, pasándome a su servicio con el cargo de su ropa y mesa,…” (621)
Barberote
Sin duda es el barbero en versión despectiva, posiblemente por no ser demasiado fino en su trabajo.
“Vino el barberote. Rapáronme la cabeza y barba, que sentí mucho, por lo mucho en que lo estimaba;…” (618)
El oficio de barbero implicaba, además de los cortes de pelo, el ejercicio de la actividad de cirujano, debiendo atender a todos los enfermos y heridos de a bordo. Sin embargo, cuando la galera contaba con un cirujano, el barbero estaba a un nivel inferior al de aquel en lo concerniente a cuestiones de sanidad. Se dice que el barbero estaba obligado a hacer la labor de cirujano, por la sencilla razón de que a menudo producía algún corte en la cabeza o cara de quien acudía a el para pelarse o afeitarse, y, por lo tanto, debía curarlo. Y si se trataba de algún herido en la cabeza, debía cortarle el pelo antes de proceder a su cura. Era lógico, pues, que ambos oficios fueran unidos.
Conclusiones
Aquí ponemos fin a todo lo escrito hasta aquí, basado en los datos extraídos de la obra de Mateo Alemán, que han sido analizados y aclarado su significado cuando ofrecían alguna duda o dificultad, en particular en aquellos casos en que su interpretación no coincidía con la normalmente admitida.
Además, para finalizar, es curioso hacerlo con las tres citas harto elocuentes que vienen a continuación:
De la mar
“¡Gran lástima es que críe la mar peces lenguados y produzca la tierra hombres deslenguados!” (457)
“Manifestáronse ayunos, así de manjares como de bienes temporales, con una sed tan intensa que se sorberán la mar y no quedarán hartos.” (458)
“Empero, como Madrid era patria común y tierra larga, parecióme no dejar un mar por el arroyo.” (522)
Bibliografía
ALEMÁN, M.: Guzmán de Alfarache, Ediciones perdidas, Retamar (Almería), s.f., en versión digital, cuyo acceso por Internet es:
http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/GuzmandeAlfarache.pdf
FONDEVILA SILVA, P.: Diccionario español de la lengua franca marinera mediterránea, Fundación Séneca, Murcia, 2011. GUEVARA, A. de: Libro de los inventores del arte del marear, y de muchos trabajos que se passan en las galeras, Impreso por
Thomas Porralis, Pamplona, 1579.
LANDÍN CARRASCO, A.: Miscelánea marinera, Editorial San Martín, Madrid, 1984.
MALARA, Juan de: Descripción de la Galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, Francisco Álvarez y Cª, impresores, Sevilla, 1876.
MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera Real. Recuerdos, reliquias y trofeos, Diputación
Provincial de Barcelona, Barcelona, 1971.
Notas
1 En diversas fuentes el apellido aparece escrito Malára, Mal Lara, Mallara, Mal-lara y Mal· lara.
2 MALARA, Juan de: Descripción de la Galera Real del Sermo. Sr. D. Juan de Austria, Francisco Álvarez y Cª, impresores, Sevilla, 1876.
3 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., p. 14.
4 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., pp. 14 y 15.
5 MALARA, J. de: Descripción…, op. cit., p. 15.
6 ALEMÁN, M.: Guzmán de Alfarache, Ediciones perdidas, Retamar (Almería), s.f., en http://www.librosdearena.es/Biblioteca_pdf/GuzmandeAlfarache.pdf
7 Microsoft Office Access
8 MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera Real. Recuerdos, reliquias y trofeos, Diputación
Provincial de Barcelona, Barcelona, 1971, p. 69 y ss.
9 Se puede consultar, además de la obra citada en el punto anterior, FONDEVILA SILVA, P.: Diccionario español de la lengua franca marinera mediterránea, Fundación Séneca, Murcia, 2011, 494 pp. Las ilustraciones en p. 459 y ss.
10 MARTÍNEZ-HIDALGO Y TERÁN, J.Mª: Lepanto. La batalla. La galera…, op. cit., pp. 74-77.
11 GUEVARA, A. de: Libro de los inventores del arte del marear, y de muchos trabajos que se passan en las galeras, Impreso por
Thomas Porralis, Pamplona, 1579, p. 19 r.
12 GUEVARA, A. de: Libro de los inventores…, op. cit., p. 18 r.
13 LANDÍN CARRASCO, A.: Miscelánea marinera, Editorial San Martín, Madrid, 1984, p. 101.